LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

domingo, 11 de abril de 2021

EL MUNDO

El mundo es el conjunto de todo lo que existe, más, por suerte, no de toda su esencia. (Anónimo)


Vivimos en un estado de des-gracia permanente. Estamos bajo el ataque constante de la tentación que nos ofrece, que nos impone, este mundo secular.

Es tanto así, que la vida espiritual, que debería ser el puntal de nuestra razón de ser, tan solo es una anécdota, o incluso una singularidad para el común de los mortales

De hecho, hemos conseguido capar hasta lo más importante de nuestro comportamiento intrínseco: el compromiso.

Si preguntamos a alguien si es creyente nos enfrentamos a varias respuestas, desde el sí hasta el no, pero la más peculiar, y yo diría la más mundana, es decir:” soy creyente pero no practicante”. O sea, me apunto, por si acaso, pero sin compromiso ni deberes. Es la quintaescencia de la mundanidad. Una forma práctica de ser “espiritualmente correcto”, eso sí, sin lazos que alteren mi bienestar.

Nosotros, los cristianos, no somos de este mundo, pero estamos llamados a estar en este mundo, para ser sal y luz en sus tinieblas. El contrapunto que hace que nadie pueda obviar la evidencia, que tenemos que elegir a quien entregamos nuestra vida, tanto esta, como lo que nos depara más allá de ella. Si al mundo y sus deleites, o a Dios y su Gracia. Y no es baladí, como muchos puedan pensar, porque en definitiva nuestro libre albedrío nos impone escoger, y no vale negarnos a ello porque, en sí, no comprometernos, es una forma de compromiso.

Nuestra condición humana nos arrastra constantemente hacia la mundanidad y solo, con el respaldo de Jesús y la presencia del Espíritu Santo, en nuestra mente y alma, podemos ir corrigiendo nuestras desviaciones.

Se dice que la fuerza de la gravedad es la fuerza que la tierra ejerce sobre todos los cuerpos, inertes y vivos. El mundo tiene su fuerza de gravedad en el pecado. Porque cuando eres del mundo estas arrastrado hacia sus profundidades, mediante los deseos de nuestra condición humana, núcleo del tropiezo.

El apetito de la carne solo tiene los límites de nuestra concupiscencia. Nada nuevo bajo el sol, pero los hijos de Dios tenemos un antídoto perene, que nos redime constantemente de nuestros tropiezos. Entregarnos a Jesús y a su sacrificio en la cruz para redención de nuestros pecados. Sin Él, existimos en el mundo, hasta que nos llegue el final. Con Él, somos esencia que se regenera perpetuamente lavados por su sangre. Y la esencia no precisa de existir, es permanente e invariable, lo más característico de ser redimido.

No somos, yo el primero, lo suficientemente agradecidos a Jesús por haber hecho posible el milagro del perdón de nuestros pecados. Ni a Dios por su Gracia sin la cual nuestra existencia estaría condenada a compartir el fracaso de este mundo. Deberíamos agradecerles cada día de nuestra vida el milagro que han operado en nuestro ser, por amor.

En la tierra, reina el mundo hasta que venga Jesús y lo juzgue. ¿Qué mejor abogado que el propio Jesús en nuestras vidas, pues? Amen

3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne (2 Corintios 10:3)

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 JUAN 2:15-17)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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lunes, 5 de abril de 2021

ELEGIR

Cuando elegimos solo pensamos en la puerta que estamos abriendo, obviando todas las demás que se están cerrando. (Anónimo)

Toda nuestra vida tomamos decisiones que nos llevan hacía un lado u otro.

De joven, nuestras elecciones no nos preocupan, ventilando sus consecuencias como parte de nuestro aprendizaje, de nuestra obligada experiencia.

Cuando llegamos a la madurez, que cada vez es más tardía, y hasta brilla por su ausencia en según qué casos, las elecciones pasan a ser una problemática a resolver, que no tiene siempre fácil solución. Pasamos más tiempo en pensarlo que en actuar. Algunos lo llaman sabiduría, otros, insensatez, pero la verdad es que, siendo conscientes de que el mundo ya no es blanco o negro, como pensábamos en nuestra juventud, todo el peso de las consecuencias nos amedranta y nos invita a la prudencia.

Eso solo para aquellos que han aprendido de sus errores porque, los demás, insisten en su ligereza a la hora de actuar, y transforman sus errores en horrores.

Hay tantos caminos para llegar a nuestros propósitos que tomar una decisión se transforma, a menudo, en decidir qué es lo mejor para uno mismo, o para los demás.

Uno de los casos más comunes sucede cuando debemos elegir entre el confort, de nuestra vida y la fidelidad a los demás.

¿Cuántas veces hemos sacrificado una relación por privilegiar otra más confortable o incluso supuestamente más legitima?

Los hombres somos capaces de revestir de justificación cualquier cosa que pueda confirmar nuestras decisiones. Y cuánto más, cuando podemos cubrirlas del atuendo de una coartada exculpatoria.

Desatender a un familiar, hijos, hermanos, padres, etc.., no tiene excusa.

Desatender a los demás tampoco la tiene.

Entonces ¿Qué pasa cuando la situación nos obliga a priorizar a uno u otro?

¿A quién, es más licito privilegiar?

Todos deben recibir la atención que necesitan, cuándo la necesitan. Siempre existe un momento para poder dedicarse a cada cual, con cariño y amor. Como Jesús lo hizo con todos nosotros. No se aceptan excusas.

La vida, a veces, nos ofrece desengaños para que aprendamos de ellos porque, no de encantos se nutre la experiencia, mas si de nuestros errores, tanto como de los ajenos que nos puedan afectar.

Todas las relaciones se cuidan, las carnales son indisolubles, pero no por ello exentas de nuestras malas elecciones. Por ello hay que atenderlas con cariño.

El resto, depende de la importancia que les demos, no de boca, sino con los hechos y los frutos de nuestras decisiones.

Las relaciones solo viven a través de sus implicados. Se nutren del agua de vida del amor reciproco, pero no regándolas cuando a uno le conviene, sino cuando el otro lo necesita. Si no se irrigan se marchitan y desaparecen. No solo son amor en sí, también y sobre todo son un contrato reciproco de amor. Su firma: la fidelidad, esa misma que no acepta compromisos porque es una obligación voluntaria.

En las buenas relaciones no existe jerarquía, las malas, ellas están repletas de categorías.

Seguir a Jesús nos obliga a decidirnos, a encaminarnos hacia una vida de santidad, o hacia una vida secular en este mundo. No hay medias tintas, estamos con Él o lo negamos. Es una relación que Jesús mismo cualifica de amistad y eso implica reciprocidad y compromiso a través de nuestros hechos.

El albedrío es un don que Dios da al mundo para que se separe el trigo de la paja, sus hijos del resto. Este don lo utilizamos constantemente con más o menos prudencia. Su buen uso nos edifica y su mal uso nos envilece y eso, muy a menudo, sin que nos demos cuenta.

A nosotros de saber elegir.

14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. (Juan 15:14-15)

29 Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley. 30 Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí. (Salmo 119:29-30)

En efecto, si lo hiciera por mi propia voluntad, tendría recompensa; pero si lo hago por obligación, no hago más que cumplir la tarea que se me ha encomendado. (1 Corintios 9:17)

18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7:18-20)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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sábado, 20 de marzo de 2021

AMIGO

El amigo es aquel que nos corresponde con el mismo amor. (Anónimo)


Un amigo siempre nos encuentra, mientras los demás siguen buscándonos. (Anónimo).

Con el tiempo, todos aquellos que, en algún momento, haya calificado de amigos, han ido desapareciendo como la niebla cuando llega el sol. Solo sé de uno que nunca me ha defraudado ni me defraudará, Jesús.

Tengo tantas preguntas sin respuesta:

¿Por qué será que, con el tiempo, la amistad se esfuma como el humo de un fuego ardiente barrido por el viento?

¿Una amistad fracasada es culpa de los demás, fruto de nuestra exigencia desconsiderada o solo un constato de impotencia?

¿Será que los años pesan en nuestra consciencia y nos hacen ver con claridad, aquello que nos obstinábamos a obviar en nuestras relaciones con los demás?

¿Hay que rendirse a la soledad emocional o batallar por la llama del cariño dadivoso?

¿Por qué, para muchos, el perro es el mejor amigo del hombre?

¿Será que perdemos la inocencia de la pureza que exige la amistad para abrazar el pragmatismo destructor de la duda, de la sinrazón?

¿Por qué confundimos tan fácilmente, compañeros de viaje con viajar con un amigo?

Cuanto más pienso, más creo que no sé contestar a estas preguntas, es más, no quiero responderlas porque sus respuestas me asustan.

Me gustaría decirle a aquel compañero, que un día fue mi amigo y todavía cree serlo, que el amor no espera nada a cambio pero que sin reciprocidad la amistad se desvanece con el tiempo, como hielo expuesto al sol.

Uno podría opinar que mis pensamientos son demoledores y poco amorosos y tendría razón. De hecho, la destrucción de una amistad siempre empieza por la mente de aquel que la pone en duda porque sufre ausencia de reciprocidad.

Hay que saber cuidar sus amistades, si lo son, porque caemos fácilmente en darles letras de nobleza a nuestras relaciones cuando en realidad solo son compromisos temporales de intereses comunes. Cuando estos desaparecen la supuesta amistad se esfuma.

La amistad es probablemente el único acto de amor que, si no es correspondido, se desvanece.

La amistad es desinteresada pero no inerte, se nutre la interrelación y de la interdependencia afectiva de los implicados.

Por ello Jesús es nuestro Amigo y Salvador, porque con su amor infinito nunca falla y está a nuestro lado, incluso cuando pretendemos ignorarlo.

Una madre y un hijo tienen un nexo carnal que los une y hace que el amor de ella pueda ser totalmente incondicional.

Entre amigos el vínculo es el amor en sí, si falla, por una parte, acaba muriendo la relación inexorablemente.

Ser amigos es firmar un contrato de amor que vincula y obliga voluntariamente a ambas partes, pase lo que pase. Es un amancebamiento sin consumo carnal, mas sí emocional y espiritual.

La amistad se merece a base de amor y cumplimientos recíprocos.

Los hombres nos imaginamos al amigo como una persona que siempre está a tu lado cuando lo necesitas de verdad. Es un postulado perfecto para la decepción.

Si pienso de esta forma solo tengo un amigo, a Jesús, porque es el único que está a mi lado cuando lo necesito, y cuando creo que no, también.

Y la verdad no sé si vale la pena dar licencia de amistad por conveniencia porque tarde o temprano nos defraudarán o los decepcionaremos.

13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. (Juan 15:13-15)

En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. (Proverbios 17:17)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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viernes, 19 de marzo de 2021

RECONOCIMIENTO

El reconocimiento benefactor puede ser gratitud o descubrimiento; la gratitud del descubrimiento o el descubrimiento de la gratitud. (Anónimo)


Se cuenta que en una ocasión Neruda y Lorca fueron a dar una conferencia a un pueblo. En la estación de trenes nadie los recibió. Cuando llegaron al local les dijeron que habían ido a buscarlos a la estación, pero que no los habían reconocido porque esperaban que fueran vestidos como poetas. Lorca declaró: "Es que somos de la poesía secreta".

¿Quién no busca ser reconocido cuando lo hace bien?

¿Quién no busca ser olvidado cuando lo hace mal?

¿Qué es mejor ser reconocidos por lo que somos o por lo que parecemos?

Aunque la respuesta a estas preguntas parezca evidente, la realidad nos desmiente constantemente. Nuestro ego nos empuja con vanidad y alevosía hacia la gloria de nuestras ambiciones, aunque los hechos se ocupen, a veces, devolvernos a la cruda realidad de nuestra condición.

Nicolas Maquiavelo dijo: “Nada grande fue jamás conseguido sin peligro”. Los deseos de grandeza son el talón de Aquiles del ser humano, y su ego el torbellino que lo empuja hacia el acantilado de sus vanidades. “maquiavélico, no?

La humildad es la mejor actitud para enfrentarse a la cara oscura del reconocimiento, porque en sí, no es malo, solo aquello que hacemos con él lo convierte en dañino.

Hay tantos hombres que buscan la gloria que de tanto gloriarse se olvidan de su propia decadencia. Y eso, que pensamos que es solo propio de los famosos, pero también nos atañe a cada uno de nosotros.

El ejemplo más evidente nuestro ego es el amor. Se dice que no espera nada a cambio, pero cuantas veces hemos experimentado la inconveniencia de la ingratitud de los demás, cuando hemos actuado a su favor y no nos lo han reconocido. Si fueran actos de amor genuinos, no nos plantearíamos ninguna pregunta.

Si pensamos en la Gracia de Dios nos damos cuenta, con toda evidencia, que su amor no es a cambio de nada. Que su perdón no busca disculpas, mas sí espera arrepentimiento.

Como Lorca, en su respuesta astuta, y llena de sentido muy poco común en este mundo, la discreción le da la nobleza al reconocimiento, que la vanidad le quita. Y es mejor ser de la poesía secreta que de la lírica ostentosa. Eso solo un maestro y sabio como Lorca lo sabía.

El reconocimiento es agradecimiento y sumisión, para los creyentes, y eso solo podemos dedicárselo al Dios trino: nuestro Padre y creador, el Hijo, ejemplo y Salvador, y nuestra consciencia renovada en el Espíritu.

En nuestras vidas pasamos constantemente de las alegrías a las penas, y más todavía en estas épocas de confinamiento donde todas nuestras neuras se magnifican. Debemos aprender a gestionar nuestras frustraciones y no dejar que invadan el ámbito de nuestro ego.

Para ello tenemos a un maestro, qué digo, al Maestro, a Jesús, quien nos enseña la humildad, la bondad, con la que tendríamos que llenar toda nuestra vida y las relaciones que la componen. Los suyos no le reconocieron ni en el sentido figurado, ni en el literal. Pero eso nunca fue para Él un problema porque su motivación era el amor que nos llevaba más allá de nuestros reconocimientos. Su objetivo, nuestra salvación, y su forma, el sacrificio en la cruz. Como vemos nada de marcha triunfal, que sí camino de cruz, nada de escenario majestuoso, en su lugar la desnudez del monte Gólgota, sembrado de cruces.

A veces me cuesta reconocerme a mí mismo, en todos los sentidos, y si eso es así, ¿qué será de los demás hacia mí? Eso pasa cuando no actúo conforme a mi fe, conforme a lo que espera de mí, mi creador. Es habitual que reniegue de mí persona porque hago lo que no quiero, pensando en que debería hacer lo que Jesús me enseña. Es tan humano, tan dentro de nuestro yo que la vergüenza y el arrepentimiento son la reacción indicada, que no siempre aplicada.

Oro cada día para que el Señor, mediante el Espíritu Santo, aumente mi sabiduría espiritual y mi resistencia carnal al pecado porque se que solo Él, no los hombres y menos yo, es capaz de obrar el milagro en mi vida que me permita avanzar en el camino de santidad. Amen.

42 Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más el reconocimiento[s] de los hombres que el reconocimiento[t] de Dios. (Juan 12:42)

6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. Que Dios os bendiga, Alfons <><


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viernes, 26 de febrero de 2021

COMPASION

La compasión genuina suple la pena por el amor. (Anónimo)


Oscar Wide dijo: “la compasión nunca puede sustituir al amor”. Me parece una frase peligrosamente inacabada. Su complemento imprescindible sería: “porque es parte de él”.

Para mí la mejor frase que define la compasión, es el segundo mandamiento de Jesús: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”.

La pena ajena nos hace sentirnos superiores, y eso, por mucho que nos defendamos de ello, es una realidad escondida en nuestro yo, en nuestro ego. Acarrea un sentimiento de culpa del que intentamos olvidarnos.

¿Por qué?

Cuando vemos una persona vagabunda en la calle, nos puede dar pena, e incluso llevarnos al impulso de darle una moneda, para resarcirse de ese sentimiento de culpabilidad que nos hace comparar nuestra suerte con su desgracia.

La compasión es todo lo contrario, nos impulsa a comprender, a compartir, a identificarnos con el otro. Dejamos de lado el “yo”, y nos concentramos en el “otro”. Amamos a los demás como a nosotros mismos, y no a nosotros mismos mirando a los demás. No se desquita una mala consciencia con una moneda.

Cuando Jesús tiene compasión de la multitud, a mi modo de ver, no le da pena, sino que se conmueve por el amor que les tiene, porque se pone en su lugar y entiende lo que necesitan. Resultado “comenzó a enseñarles muchas cosas”, nada de pena, no, todo amor hacia los demás.

En el mundo cristiano la compasión obedece a las mismas malinterpretaciones, los mismos errores. La compasión suele ser a menudo el resultado de un sentimiento de superioridad, tan inconsciente como presente, ya sea porque nos preocupamos por los demás o los juzgamos como lo hacían los fariseos.

La compasión es una trampa perversa de las emociones, para todos aquellos que no viven las enseñanzas de Jesús, sobre el amor, con humildad y mansedumbre. Porque amar a tu prójimo como a ti mismo solo se puede intentar desde la humillación de nuestro ego. Olvidándonos de nosotros mismos para seguir a Jesús.

Cuando pienso en la compasión de Jesús me doy cuenta de que carezco de sus atributos y eso me obliga a buscarlo para poder avanzar en el camino de santificación.

Hay palabras y sentimientos que hay que manejar con suma cautela, porque definen nuestra condición humana, en la forma que tenemos de entenderlos, de aplicarlos. Compasión es una de ellas.

36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:36-40)

Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. (Isaías 54:8)

Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. (Marcos 6:34)

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martes, 23 de febrero de 2021

CONFIAR

Contrariamente a lo que une cree la confianza no se tiene, se vive. Las posesiones siempre llevan al desengaño (Anónimo)


El diccionario de la Real Academia Española dice que confiar es: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, elsecreto o cualquier otra cosa.”

Los que hemos conocido a Jesús sabemos que confiar es descansar en Jesús con toda la fuerza de nuestra fe en Él, porque Él ha vencido al mundo por nosotros.

La confianza humana es como una vasija preciosa. Tan preciosa como frágil. Expuesta a las inclemencias de nuestra condición humana suele resquebrajarse, estallar en mil pedazos y nunca se reconstruye bien. Más sujeta al parecer que al ser.

¿Por qué?

Pues porque los humanos no tenemos fe en los demás. Queremos tenerla, sí, y lo llamamos buena fe, y si nos falla le atribuimos la mala fe, pero en realidad el hecho es que no se puede depositar la confianza en la imperfección.

La confianza absoluta exige pureza, perfección en el que se la merece. Es impermeable a cualquier influencia, soborno, tentación, debilidad. ¿Y quién es capaz de garantizar esto en este mundo? Nadie. Solo Dios, solo Jesús, solo a través del Espíritu Santo podemos depositar nuestra confianza mediante la fe.

No se cuentan las veces que hemos experimentado la desilusión de aquellos que nos han fallado cuando contábamos con ellos. Probablemente con la misma proporción con la que nosotros les hemos fallado. Y si nuestros pensamientos se enturbian, con o sin motivo, nace el sentido del engaño. Y el engaño lleva al resentimiento, a una espiral de negatividad que nos daña tanto a nosotros como a los demás.

Cuando oigo alguien decir que se ha sido engañado por un amigo, me hace pensar en lo ligeros que somos todos en atribuir el calificativo de amigo, y más si fuere el caso, de juzgarlo. Porque cuando un amigo, de verdad, hace algo que nos interpela nunca deberíamos pensar en el engaño, nunca. La amistad está por encima de la duda, haciendo que la confianza sea el pilar de la relación. Es una confianza imperfecta en un mundo imperfecto, pero es confianza, ante todo, porque es amor hacia los demás.

La duda mata la amistad que la confianza alimenta.

Pero, por desgracia, también experimentamos el desengaño con Dios, cuando depositamos nuestra confianza en ÉL, esperando que haga lo que le pedimos, y nos da en su lugar lo que necesitamos. Es mucho más frecuente de lo que parece.

O también cuando las pruebas nos tapan la vista hacia su Gracia. Haciéndonos pensar que las cosas no son justas, que estamos abandonados a nuestra suerte.

¿Dios puede fallar?, ¿Pero quién somos nosotros para dictaminar la justicia?

La respuesta está tan clara como nuestras limitaciones.

¿Las cosas nos salen mal, o no nos salen como quisiéramos?

Deberíamos buscar más a menudo lo que Dios quiere para nosotros en lugar de buscar soluciones propias. Buscar la humildad y la mansedumbre que nos llevan a entregarnos a Él en toda confianza.

Pero eso se nos olvida rápidamente cuando, en medio de todos nuestros problemas, solo confiamos en nosotros mismos. Porque no entregamos a Dios, genuinamente, nuestras vidas y no nos agarramos a la mano tendida de Jesús, ocupados que estamos en querer pisar, solos, las tribulaciones que pavimentan nuestras vidas.

La diferencia entre Dios y los hombres es que si bien Dios es todo amor y su Gracia lo limpia todo, el hombre se quiere más a sí mismo que a los demás haciendo que el desengaño sea, siempre, el compañero de camino de su confianza. Nada nuevo bajo el sol.

Debemos aprender a vivir en y con Dios, despojándonos de nuestro yo y confiando en el YO SOY.

Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. (Salmo 18:2)

Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de quedar preso. (Proverbios 3:26)

33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)


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domingo, 14 de febrero de 2021

NECESIDAD

La diferencia entre lo que necesitamos y lo que deseamos está en creer que sabemos aquello que desconocemos. (Anónimo)


Maestro y alumno paseaban por los jardines del conocimiento, cuando, girando tras unos pinos frondosos se encontraron frente a un desierto.

El maestro preguntó:

- Joven, ¿Qué te sugiere este lugar tan desolado?

- Maestro después de lo que hemos paseado, y expuestos directamente al sol, tengo sed.

- Una situación normal en un lugar exigente.

- Pero siempre se puede volver al claustro…

Se giró, y cuál fue su sorpresa cuando vio que el desierto había invadido todo su entorno dejando a su alcance dunas y dunas de arena sin más que ofrecer.

- … ¿Qué ha pasado maestro? ¿Por qué ha desaparecido todo?

- Porque hemos entrado en nuestro corazón, cuando este, lucha contra la sequedad de espíritu. ¿Y, dime joven si fuera capaz de ofrecerte lo que más necesitas para acabar esta odisea que me pedirías?

- Agua, maestro, en suficiente cantidad para aguantar el viaje.

- Darte agua puedo, pero no está en mi mano decirte cuánto durará el viaje ni cómo será.

- Pues cuanto más mejor, maestro.

- Si te cargo de agua no podrás avanzar con facilidad, y te expondrás a no poder llegar a tu destino a tiempo, para que se reabra el portal que nos devolverá de nuevo al claustro.

- Entonces, maestro, poca porque así aligeraremos el paso y llegaremos antes, ¿no?

- ¿Pero cómo sabemos que tendremos lo suficiente para aguantar sin desfallecer, joven?

- No lo sé, maestro, no sé qué pensar.

- ¿Y si te digo que lo que necesitas no es lo que me has pedido?

- No le entiendo, maestro, es obvio que es agua más que nada lo que necesito.

- Bueno ya hemos visto que eso no te garantiza en absoluto sobrevivir para conseguir tu propósito.

- ¿Entonces, maestro, qué? - dijo el alumno rendido a su impotencia.

- Y si en lugar de darte agua, te enseño a encontrar fácilmente los pozos que hay en toda esta zona, porque los conozco.

- Maestro, juega con ventaja. Porque usted ya sabe esto que yo ignoro.

- Y así es en nuestra vida, joven. Cuando le pedimos al Señor que nos de algo y en su lugar nos proporciona un camino de pruebas es porque Él sabe de nuestra existencia lo que nosotros desconocemos, y sobre todo lo que necesitamos. Con y a través de Él todo es para fin de bien.

- Visto así, es diferente, pero no se me hubiera ocurrido enfocarlo de esta forma.

- ¿Tú crees en Jesús, como nuestro Señor y Salvador?

- Claro maestro.

- ¿Sabes que Dios nos ama infinitamente y que a sus hijos protege?

- Sí maestro, pero claro cuando uno está en medio de un desierto se le olvida el resto y busca soluciones.

- Tú lo has dicho, joven, y ese es nuestro primer error. Tan genuino como el pecado original. Confundimos nuestros deseos con nuestras necesidades y caemos y recaemos en nuestros pecados olvidándonos de que lo más importante no es lo que queremos, sino lo que Dios quiere para nosotros. Antes me has dicho que yo ya sabía lo que ignorabas en esta situación. Pues esto es una constante en nuestra vida. Dios nos conoció antes de que creara el mundo. Él, ya sabe lo que nos conviene, y nuestros intentos grotescos de suplirlo pretendiendo solucionar nosotros mismo nuestras vidas, solo entorpecen nuestro camino hacia ÉL. Buscando a Dios, a través del Espíritu Santo, encontraremos la solución. Buscando nosotros la solución, nos alejaremos de Dios.

- ¿Entonces, maestro, qué debemos hacer?

- Poner en sus manos lo que no caben en las nuestras. Buscar su respuesta cuando la vida nos reta. Olvidarnos de nuestro ego para seguir su guía.

- Entiendo, maestro. Ha sido una lección muy refrescante en este desierto. Jajaja – Ambos rieron abundantemente

- Oremos al Señor para que nos guie, joven

Y oraron juntamente. Luego abrieron los ojos

- ¿Y que ves ahora, joven?

- La puerta del claustro.

- No te olvides nunca que solo Dios puede darnos lo que necesitamos. Nosotros debemos aprender, toda nuestra vida, a buscarlo en lugar de querer solucionar nuestras necesidades. Es el único camino hacia Él.

- ¡Amen!

- ¡Amen!

Y ambos continuaron juntos el camino hacia el claustro donde les esperaba un buen refresco.

Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien. (Salmo 34:10)

No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. (Mateo 6:8)


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