LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

sábado, 14 de mayo de 2022

PERDONAME

 Perdonar es vivir el amor, pedir perdón es convivirlo. (Anónimo)

Perdóname Señor, por lo que soy; alma perdida, por cómo soy; orgullo erguido en su ego, porque intento ignorar que sin ti no soy.

Perdóname Señor por no compartir mi vida contigo, por obviarte en mis éxitos y por culparte de mis fracasos.

Perdóname Señor por dejar que mi yo niegue tu YO SOY. Por dejar que mi vanidad empobrezca mi sabiduría, que mi ser viva de mi parecer.

Perdóname Señor por negarte la única plaza de honor viva en la mesa de mi vida, cediéndosela a mis concupiscencias.

Perdóname Señor porque cuando me levanto no eres lo primero en lo que pienso al despertarme, porque no eres el último en el que pienso cuando me duermo, porque no te soy agradecido ante tu Gracia, porque no soy humilde ante tu misericordia, porque no soy un buen discípulo ante tus enseñanzas.

Tengo tantas y tantas cosas de las que pedirte perdón Señor, que me hacen conscientes que, si no fuera por tu Gracia, no tendría lugar en la mesa de la vida eterna que tu has preparado para nosotros.

Pero también perdonarme, padre, madre por mis comportamientos inapropiados, por mi falta de respeto hacia vuestra dedicación.

Perdóname hermano por no estar a tu lado cuando me necesitas, por escucharte cuando me confías tus inquietudes, por no apoyarte cuando tambaleas, por no buscarte cuando te pierdes.

Perdóname amigo por querer ser tu compañero de viaje, pero no de bagaje, por estar cuando me interesa más que cuando me necesitas, por compartir tus alegrías y huir de tus miserias.

Perdóname desconocido a quien giro la cara para no verte, a quien niego una limosna cuando la necesitas, a quien menosprecio cuando has perdido tu dignidad, a quien juzgo cuando la vida ya te condenó.

Perdóname enemigo mío por devolverte, o así intentarlo, mal por mal, por maldecir tu presencia, por alegrarme de tu ausencia, por condenarte con prejuicio, por no obedecer a Jesús y amarte sin parcialidad.

¿Y yo a quién perdono?

Si me hago esta pregunta es que ya no estoy obedeciendo los mandamientos de Jesús, porque el perdón no se cuestiona, se da con amor, no esperando nada a cambio.

No busquemos razones para perdonar sino perdonemos sin razones que justificar.

Aquel que arguye el perdón se lo niega a si mismo porque Jesús nos perdono a pesar de nuestra condición, ¿Qué menos podemos hacer nosotros con los demás?

Contrariamente a lo dicho en una famosa obra cuyo nombre no quiero recordar, la caridad bien entendida NO empieza por uno mismo, sino por los demás.

Si Jesús nos hubiese juzgado como nosotros enjuiciamos a los demás no habría salvación. Si nosotros actuamos como Él nos ha enseñado, caminamos en senda de santidad.

El amor no se paga con amor, el amor de vive con amor y el perdón es su llave de paso.

31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32-33)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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miércoles, 11 de mayo de 2022

LA OBRA INACABADA

 

La vida es como la construcción de un edificio, algunos no pasan del primer piso, otros acaban siendo rascacielos. Pero sin duda, los que más tristeza me generan son aquellos que son obras inacabas, ilustraciones crueles de que el tiempo se puede parar para siempre revelando un pasado privado de futuro. (Anónimo)

¿Qué es el hombre sino una obra inacabada?

Cuando leemos el Antiguo Testamento, la respuesta no es muy esperanzadora. Incapaces de cumplir La Ley, somos tropiezo para nosotros mismos y para los demás. Nuestro afán de libertad nos enjaula y nos castiga con las consecuencias de nuestro libre albedrío enmarcado por la condición humana. Y la vida de hoy la vivimos, a menudo, como si estuviéramos regidos por la ley, pero no la de Dios, no, esta no interesa al ser humano, sino la de los hombres. Esa misma que sembrada de sentencias injustas hace rebrotar la maleza en nuestra sociedad.

Cuando un niño nace, la construcción de su vida también. Los albañiles que somos los padres, tanto pretendidos expertos como neófitos, solo somos torpes arquitectos que intentamos poner los cimientos de una nueva vida.

Pero está claro que no por ser, o creerse, experto en la materia acabamos engendrando una obra maestra.

¿Por qué?

Porque esta empresa tiene vida propia y su capacidad de contradecir y de contradecirnos es impresionante. No en vano una de las primeras palabras que aprenden los retoños es “NO”.  

Porque una base en cemento armado puede ser solo el principio de un proyecto efímero, o peor de una promesa incumplida porque cuando proyectamos nuestros deseos en el futuro de nuestros hijos, solo conseguimos, en la mayoría de los casos, una gran decepción. Debemos aprender, a nuestras expensas, que no serán obra nuestra, sino creación independiente. Dejar que ellos establezcan sus propias bases y crecimiento.

También otros se construyen sobre arenas movedizas y se derrumban al primer envite de la vida.

Cuando leemos el Nuevo Testamento, nuestra esperanza renace porque las herramientas que nos ofrece Jesús están al alcance de todos, fundamentándose en el amor. Él nos enseña que no es buen arquitecto aquel que domina todas las técnicas del oficio sino aquel que es capaz de aplicar lo poco que sabe con humildad y amor. Porque la vida ajena es una obra viva que no cabe en nuestras manos, y menos obedece a nuestros designios. Jesús ha transformado la ley en los mandamientos que se fundamentan en el amor. Y amor, todos somos, o deberíamos ser, capaces de dar.

Cuando vemos a nuestros hijos como una obra inacabada, no dejemos de considerar que nosotros también lo somos. Nuestra vida es un reto constante a reconstruirse sobre una base firme: el amor que Jesús nos enseña, o sobre una base resquebrada: nuestro ego y la condición humana que lo rige.

Desde el punto de vista macro, el mundo también es una obra inacabada para los hombres. Cada día lo construimos y lo destruimos un poco más.

Somos expertos en echar por tierra aquello mismo que acabamos de erigir, una promesa constante de obra inacabada.

Está claro que la única forma de llegar al final de la obra no está en este mundo, solo al lado de Jesús, en presencia de Dios acabaremos siendo para siempre una obra consumada. Pero no por ello debemos olvidar el propósito fundamental de un cristiano en este mundo, ser testigo fiel de Jesús y ejemplo de amor vivo para con los demás. ¡¡¡Clamando su obra!!!

28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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lunes, 18 de abril de 2022

MORIR PARA VIVIR

La vida terrenal solo cobra sentido en la muerte, es la paradoja y el paradigma de nuestra existencia. ¿Reto o imposición? La respuesta nos define. (Anónimo)


Un bosque atacado, y destrozado, por la maleza se muere ahogado, lentamente. Si no se mantiene y limpia, solo recobrará vida a través del fuego regenerador. Porque hace falta que se arrase lo existente para que renazca de sus cenizas.

La vida eterna no tiene sentido si la entendemos como el común de los mortales, es decir no morir nunca. La vida eterna precisa de 2 muertes en este mundo, la espiritual y la carnal. Solo en contadas excepciones, como Enoch, no se produjo la segunda, ya que Dios lo arrebató de la tierra, sino, es un paso obligado.

La muerte espiritual es imprescindible para renacer en Cristo, despojándonos de toda la maleza que cubre nuestro espíritu.

La muerte carnal es el paso indispensable para estar en Jesús y con Jesús, para siempre.

El ejemplo de su muerte en la cruz para perdón de nuestros pecados es la clave de la paradoja de la vida y el paradigma que todo cristiano tiene interiorizado. Su resurrección es el ejemplo que nos muestra el camino a seguir para ir hacia el Padre.

Es curioso cómo podemos ver tantas declaraciones de patriotismo, de morir por su patria, pero que, a la hora de morir por su vida eterna, ni lo contemplan.

Cuando para los demás el mundo se acaba con la muerte, para nosotros los cristianos, nuestra esencia empieza en ese mismo instante, abandonando nuestro cuerpo mortal. Porque solo podemos enfrentarnos al infinito dejando de pensar que tenemos una vida secular, para pasar a abrazar el amor de Cristo que nos invita a ser y estar a su lado para la eternidad.

El paraíso, para un no creyente, debe parecer aburrido, ya que lo asemeja a lo mejor de lo que está viviendo en la tierra, y eso con el tiempo aburre, incluso le pasó al pueblo de Dios en el desierto. Que acabó harto del maná que recibía día sí, día también por parte de Dios. El hombre es así, hace de su existencia una oportunidad constante hacia el pecado y la perdición.

Para mí el paraíso es estar con Jesús, en presencia de Dios, Despojado de todo lo que me limita, habiendo eliminado el EGO de mí ser, borrando para siempre mi condición humana. Me imagino un gozo en total dependencia de mi creador, con la inocencia que me hará buscarlo constantemente para disfrutar de su presencia. Haciendo que la obediencia ya no sea una opción, sino mi condición intrínseca.

Hoy, que en todas las guerras de este mundo hay hombres que mueren por un ideal, debemos reflexionar en por quién, y para quién, estamos dispuestos a morir. Porque Jesús respondió a esta pregunta con su sacrificio por todos nosotros. Estos días revivimos su pasión y es un buen momento para recapacitar y reconsiderar nuestros valores. Pensar en lo que Él hizo y en lo que nosotros estamos dispuestos a hacer.

Los símbolos solo son piedras inertes si no los cargamos de significado en nuestras vidas. La cruz es probablemente el emblema más representativo de los cristianos, pero solo tiene sentido si le damos el valor, y la importancia, que se merece.

Un símbolo no se define por los rituales que lo adornan, sino por la vida que le damos a lo que representa para nosotros. Y eso suele ser más profundo y sincero en nuestro interior que en manifestaciones exteriores hacia los demás.

En estos días tan marcados me atrevería a decir que la procesión va, y debe de ir, por dentro.

La gran diferencia entre las religiones y una vida espiritual plena es, que allí donde las primeras precisan de los demás para manifestarse, la segunda te ofrece un trato directo y único con Jesús, sin interferencias ni intermediarios donde el único protagonista es nuestro creador.

Nada nuevo bajo el sol.

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Juan 3:3-8)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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sábado, 9 de abril de 2022

OBEDIENCIA

Los hombres solo obedecemos a nuestro ego. (Anónimo)


Para los hombres, la desobediencia no es el último recurso, sino la primera manifestación, equivocada, de nuestra libertad.

En los tiempos actuales, obedecer parece ser una opción trasnochada. Desgastada por el alto concepto que tenemos de nosotros mismos y del sacrosanto libre albedrío que rige nuestros valores.

Es como si fuéramos incapaces de tener nuestra propia iniciativa y que precisáramos de alguien que nos domine para actuar.

En el fondo todo se trata de saber, o determinar, quién manda, nuestra vida, la de los demás, el mundo.

Nosotros vemos al perro como el símbolo de la obediencia, aunque no siempre sea así. Es dócil, entregado, está constantemente atento a nuestra voluntad, nuestro deseo. No cuestiona, no duda, siempre acata y esta al acecho de los premios con los que gratificamos su obediencia. Por ello tenemos tendencia a menospreciar su carácter porque vemos en su entrega una cierta debilidad.

Por lo contrario, vemos al gato, independiente, ajeno a nuestra voluntad, a nuestra influencia. Siempre cuando tenga su plato lleno y le correspondamos en los mimos cuando él lo decida.

¿Qué nos enseñan estos rasgos tan diferenciados de perros y gatos?

Pues, que nuestras vidas se asimilan más a la de los gatos que a la de los perros.

Lo que está claro es que la obediencia precisa de una entrega absoluta a quien nos rige. El primer caso de desobediencia fue el de Adán y Eva. Pero hemos sido y somos fieles seguidores de sus actitudes irreverentes y descaradas.

Uno podría tener la tentación de pensar que duro castigo tuvo una tan leve falta. ¿No?

Para contextualizarlo debemos pensar quién nos lo dice, por qué, y para qué.

Nos lo dice nuestro Creador.

Porque ya sabe de qué somos capaces.

Para evitarnos la caída en la tentación y el pecado.

Todo esto se resume en ¿qué queremos? ¿Actuar con genuina inocencia, no retando a quién nos trajo a este mundo, o pretendemos querer ser su igual y hacer lo que bien nos parece?

¿Queremos ser perro o gato, en cuanto a nuestra actitud?

La diferencia entre el gato y nosotros es que él no puede decidir y actuar con consciencia y nosotros sí. Es decir, sería incongruente pensar en que un gato puede pecar cuando nosotros lo hacemos constantemente. Digo esto porque me gustan mucho los gatos y compararlos con los humanos me parece muy ofensivo, para ellos, claro está.

Es mucho más fácil de lo que parece ser obediente, solo nos requiere obviar nuestro ego. Pero esto, que solo sería un acto de obediencia, se transforma en una desobediencia constante. Porque pensamos más en nosotros que en los demás y que decir de pensar en nuestro creador.

Es curioso por no decir tragicómico pensar que una de las primeras palabras que decimos, cuando somos críos, y a la que le damos sentido constantemente en nuestra vida es la palabra NO.

Obedecer es un reto esencial para el cristiano, pero objeto de ninguneo para los hombres de este mundo.

Obedecer es buscar constantemente ese niño ingenuo, dócil, entregado, que fuimos y que hemos olvidado a lo largo de nuestra existencia.

Obedecer es entregarse totalmente a nuestro amo y Señor, en su forma trina, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Pero no todas las desobediencias son perniciosas para el ser humano. Dios nos pide que obedezcamos a nuestras autoridades. Eso sí debemos tener suficiente sabiduría para distinguir y priorizar siempre lo que nos pide Dios, y si esto va en contradicción con nuestros líderes en este mundo, no dudemos ni un segundo en obedecer a Dios.

Sueño del paraíso como de un lugar en el que estoy despojado de toda la suciedad de mi condición humana. Me veo ingenuo y entregado en adoración a mi Señor y salvador. No preciso ni de inteligencia ni de malicia, atributos terrenales, solo de candor y de amor. Me olvido de ser yo, para solo ser y estar al lado de mi Padre Celestial.

Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. (Romanos 5:19)

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. (Romanos 13:1)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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sábado, 2 de abril de 2022

AMOR

No hay amor sin dolor, pero sí mucho dolor cuando no hay amor. (Anónimo)

Sin amor el hombre solo existe, con él, puede alcanzar la eternidad. (Anónimo)

¿Qué es el amor?

¿Sexo? ¿Un sentimiento? ¿Una actitud? ¿Un acto de sacrificio? ¿Un convenio? ¿Platónico o carnal? Etc…

Tal vez sea de todo un poco y más, pero lo que seguro no es, es el exceso de uno solo de ellos, sea el que sea.

La expresión más conocida para los cristianos, cuando se trata de cómo debe ser nuestra actitud amorosa hacia los demás, es el amor Agápē, amor compasivo, ese mismo que no espera nada a cambio pero que todo lo da. Ese mismo que ilustra la vida de Jesús.

Pero no nos engañemos a la hora de experimentar el amor en todas sus facetas, nos encontramos con un componente constante, que si de nosotros dependiera intentaríamos evitar, pero que es la consecuencia de vivir genuinamente nuestro amor, y ese es el dolor. Un sufrimiento positivo que nos hace concienciarnos de que lo que valoramos puede ser efímero, o lo que tememos sempiterno, y cuanto más cuando se aplica a nuestros seres queridos.

El mejor ejemplo es Jesús y su sufrimiento por amor a nosotros. Pero también en la vida cotidiana lo vivimos, o mejor dicho lo sufrimos, con nuestros hijos y/o allegados de toda índole.

Se suele decir que cuando nace un hijo nuestro padecimiento también nace. Y es verdad, los meses de embarazo ya son un aviso para las madres. El parto una ilustración de lo que nos espera a los progenitores. Eso, claro está, si albergamos el amor maternal y paternal que la llegada de una cosita tan pequeñita provoca en nosotros.

Pero no solo las relaciones paternofiliales son procreadoras de amor. Las amistades, la comunión entre hermanos en la fe, cualquier relación que haga que pensemos más en el otro que en nosotros mismos, es digna de este nombre tan bonito de 4 letras: amor.

Las relaciones de una pareja longeva son una ilustración perfecta de cómo el amor, evoluciona, madura y acaba expresándose en su forma más profunda y tierna. Empezamos con la pasión (Epithymia) del deseo. Maduramos con los envites de la vida, haciendo que esta pasión se transforme en respeto, complicidad, resiliencia, actuando con responsabilidad. Si vienen niños, el amor se traslada a nuestros retoños y cuando estos emprenden su propio vuelo nos volvemos a encontrar con nuestro alter ego, nuestra(o) compañera(o) de viaje, dejando que este vacío que experimentamos lo vaya llenando el baúl de nuestros recuerdos y el orgullo de ver nuestros hijos emprender su camino propio. Amor y padecimiento son.

La vejez, o, mejor dicho, los años acumulados, nos ofrecen una oportunidad inmensa de pulir ese amor que hemos estado trabajando toda nuestra vida para que acabe siendo ternura, complicidad, compasión, disfrute con nuestra pareja.

El dolor que hemos experimentado a lo largo de años y años por amor a los demás nos acaba ofreciendo un descanso merecido a través de la resiliencia y de la confianza en Jesús nuestro Señor.

Porque todo esto solo tiene sentido si nos percatamos de que es la senda que nos lleva a cada paso, a cada acto de amor agápē, hacia nuestro creador de la mano de Jesús. El amor es guía, herramienta y solución a todos nuestros avatares en esta vida. Es la llave de paso hacia la puerta que nos abre el camino de santificación de nuestras vidas.

El amor es como un parto, a través de su dolor alcanzamos la alegría suprema. Esa misma que nos hará padecer el resto de nuestra vida, por amor.

No nos engañemos, es más fácil amar a los que queremos, pero Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos y eso topa con nuestro ego. Pablo dice que el amor no espera nada a cambio, pero nosotros solemos esperar, como mínimo, lo mismo a cambio. Y eso no es amar, porque el amor no es un trueque y menos una moneda de cambio, que podemos usar a nuestro antojo. El verdadero amor no se piensa, se vive. No se habla, se da. No se vanagloria, se humilla. No se expone, actúa con humildad y discreción.

Todo deja de tener importancia en este mundo cuando nos acercamos a la promesa de nuestro Señor Jesucristo, la vida eterna a su lado. Y eso solo por Gracia, la máxima y divina expresión del amor incondicional.

Jesús es amor, nosotros, sus agraciados, sus discípulos, no de este mundo, pero sí en este mundo. Amen.

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13: 34-35)

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jueves, 17 de marzo de 2022

LUZ

Una sola luz puede romper las tinieblas, por suerte para nosotros lo inverso es imposible. (Anónimo)


En un mundo que cada vez más se entenebrece, buscamos todos desesperadamente aquella luz que nos alegre el ánimo y nos de esperanza.

Es difícil encontrar destellos de luz entre tanta maldad humana, pero si miramos con ojos sensibles siempre acabamos encontrando un remanso de paz en aguas turbulentas. Una sonrisa, una mirada compasiva, una mano tendida, una escucha atenta, un rincón acogedor, todo esto y más son como destellos que rompen la oscuridad que nos engulle tanto moralmente como físicamente.

Se dice que la esperanza es lo último que se pierde, pero para un cristiano, la esperanza es un baluarte inexpugnable, ofrecida por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz.

Oigo mucho, estos días, decirme, con sorna, que nosotros, los cristianos, somos afortunados porque por lo menos tenemos en quién y en qué creer. Y no solo es verdad, sino que además todo aquel que así lo desee también puede buscar a Jesús y cobijarse en su amor protector.

También les contesto a aquellos que así me hablan que ser cristiano no es una suerte, es una elección que cada cual puede, o no, ejercitar. El hombre es tan receloso de su libre albedrío que cuando lo puede ejercer intenta obviarlo por temor a sus consecuencias. Lo que no es consciente aquel irresoluto, es que no decidirse es, en sí, una decisión con la que tendrá que acarrear toda su vida.

Ahora es momento de oración más que nunca porque lo que los insensatos de este mundo han propiciado solo Dios puede darle respuesta. Nuestro gran desasosiego es saber entender, y aceptar, que aquello que pedimos no siempre es aquello que necesitamos. Lo finito de nuestra mente siempre se topa con la eternidad de Dios. Solo con fe mediante la oración, con paciencia y con confianza absoluta en nuestro Creador, podemos vivir estos tiempos revueltos.

Pero no solo es tiempo de oración, porque la fe sin obras es muerta. También estamos llamados a ser luz en este mundo. No somos de este mundo, pero vivimos en él. Ayudar a los demás, ya sean refugiados o nuestros vecinos, o aquellas personas que cruzamos en la calle y que buscan un alma caritativa.

En momentos como los que estamos viviendo debemos ser, todavía más, esa flama que alumbra el entorno para que los demás puedan orientarse. Ese ejemplo que hace que los necesitados recuperen su confianza en los demás. Esa luz que despierta los corazones.

Ser cristiano no es una suerte y menos una casualidad. Ser cristiano es una causalidad para poder llevar la Palabra a todos y todas, por cómo nos comportamos, por el amor que damos a cambio de NADA, por todos esos pequeños detalles que hacen que seamos diferentes de la secularidad cotidiana que nos ahoga.

¡¡¡Somos, y debemos ser como todos esos farolillos voladores que cuando los lanzan al viento iluminan el cielo!!! Luz en las tinieblas. Amen.

1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.


3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

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domingo, 6 de marzo de 2022

QUE PODEMOS HACER

Todo lo que hacemos nos define como persona, incluso y más, si no hacemos nada. (Anónimo)


Con todo lo que está pasando no puedo dejar de pensar, de orar y de pedirle a Dios que venga ya a salvarnos, porque esto no tiene solución humana. Me invade una gran tristeza.

Cuando miro a la televisión lo que está pasando en Ucrania, me horrorizo de ver lo que es capaz de hacer la locura de los hombres.

Pero, siendo honestos, nada nuevo bajo el sol. El hecho de que esto esté sucediendo en Europa no hace que todas las demás guerras que hay hoy en el mundo sean menores, no.

Pero la peculiaridad de este conflicto es que puede llevarnos al fin del mundo, porque si el engranaje de delirio egocéntrico y manipulador que tienen unos se ve contestado por un nivel similar de agresividad y locura por la otra parte, vamos al desastre.

Yo mismo me dejo llevar por la locura de los pensamientos belicosos, haría tal cosa o tal otra para contrarrestar aquello que considero una agresión flagrante e injustificada. Me pongo a pensar en lo que, considero yo, deberían hacer nuestros gobernantes y no hacen. Si pienso en la historia reciente con Hitler atacando a Polonia, ante la sociedad de las naciones de la época, el parecido con lo que está sucediendo hoy es aterrorizante.

Tengo una sed de información que solo se pondera por la desconfianza que me inspiran. ¿Información, manipulación o propaganda? Cuando veo como tratan al pueblo ruso no dejo de pensar que nosotros también somos el objetivo de aquellos que nos quieren manejar a su antojo, la diferencia es que, en nuestro caso, las cosas son más sibilinas. La única forma de no caer en el pensamiento enlatado que nos ofrecen los medios es mirar varios noticiarios, de tendencias diferentes, incluso opuestas, de otros países, continentes y contrastando todo hasta hacerse su propia opinión.

El pensamiento único es, por su esencia, erróneo y peligrosamente obsesivo. Y cuando este se apodera de una persona que esta al frente de una potencia nuclear, el riesgo de escalada es tremendamente alto.

¿Y nosotros qué podemos hacer?

ORAR: Como cristianos sabemos que somos salvos por la Gracia de Dios mediante la fe para obras. Eso nos indica, a pesar de nuestras tendencias egocéntricas, que la respuesta la tiene Jesús y no nosotros. Que nuestra fe debe llevarnos a orar constantemente para pedirle su intercesión en este, y todos los demás, conflictos. Por ello también le debemos pedir que ponga en el corazón de todos nuestros gobernantes sabiduría y voluntad de paz.

OBRAR: Desde dar para los refugiados hasta participar en su recogida y luego acogida. No nos olvidemos que la fe sin obras es una fe muerta. Ahora es fácil indignarse y decir haré tal o tal cosa, pero la realidad, nuestra realidad se manifestará de verdad cuando recibamos los refugiados aquí, cómo los vamos a tratar. Y cuando vemos cómo hemos actuado con los demás refugiados, la cosa no invita al optimismo. Obrar también es amar por encima del odio de los demás. Ahora se está manifestando en toda Europa acciones de coacción, de amenazas, contra restaurantes rusos y otros estamentos de este país. Nosotros los cristianos debemos ser ejemplo de comportamiento y actitud manifestando el apoyo a quien lo necesita sin acepción de personas o nacionalidades.

Cuanto más pienso en qué podemos hacer, más claro me queda que los hombres solos incapaces de solucionar los conflictos que creamos. Y a cuantos más virulentos, más ineptitud por parte nuestra.

Solo Jesús tiene la solución y nosotros debemos poner en sus manos todas nuestras angustias, todos nuestros anhelos. Ahora más que nunca debemos orar, orar y orar para pedirle su intercesión, su intervención para que cesen dolor y sufrimientos provocados por nuestra desidia, nuestro afán de dominar a los demás. Si alguien tenía dudas sobre si el hombre es bueno por naturaleza la respuesta, querido Rousseau, es que el hombre es malo por naturaleza, porque el pecado original lo llevamos en nuestra mochila, o mejor dicho es nuestra mochila en la que almacenemos todos lo frutos nefastos de nuestra condición humana.

Ahora, más que nunca es tiempo de oración, nuestra fe nos debe llevar a hacerlo cuanto más sea posible. Y nuestras obras deben manifestar al mundo nuestra condición cristiana, cargada de amor hacia todos.

Lo que esta pasando y la necesidad de entregarnos a Jesús debería ser también una constante en nuestra vida cotidiana. Poniendo en sus manos todos nuestros problemas, todas nuestras ilusiones y buscar constantemente la inspiración del Espíritu Santo.

Estamos viviendo días muy tristes en el que mundo occidental ha dejado atrás el sueño de la paz. Ahora vivimos a nuestras puertas lo que en otras partes del mundo viven en su cotidiano. Oremos al Señor y que Él nos guie en las tinieblas de estos tiempos. Amen.

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. (Lucas 6:37-38)


12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. (Apocalipsis 20:12-13)


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