LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

domingo, 18 de octubre de 2020

LA ESPERA

No descuides tu espera, no sea que te desesperes. (Anónimo)

La paciencia es a la espera lo que la lluvia a la tierra. Sin lluvia la tierra no puede dar su fruto, sin paciencia, la espera tampoco.

Nuestro mundo se mueve constantemente en una vorágine insaciable de desesperación. La paciencia, en él, es un defecto o peor una debilidad. Todo lo queremos ya, no somos adeptos de la paciencia, mas sí de la efervescencia que nos aboca a provocar aquello que no llega rápido.

Somos todos como unos velocistas que intentan correr una maratón como si fuera una carrera de 100 metros.

La espera es más un estado de ánimo que nos permite alejarnos de nuestro cotidiano para tomar perspectiva. No solo sirve para alimentar la esperanza sino también para ver mejor las cosas o para dejar que caigan por su propio peso.

El sabio alimenta su espera con paciencia, el necio con ansia. Para los dos el objeto de su expectación llegará cuando deba llegar pero si bien el primero estará preparado para ello, el segundo se habrá agotado en el camino haciendo de su espera un esfuerzo inútil.

A los impetuosos e inquietos de por sí, como yo, los años nos rebajan la ambición de nuestra impaciencia. Con la madurez acumulada podemos observar con cierto cariño, los jóvenes, perpetuar ese ceremonial que hoy nos parece tan fútil.

La espera para la lengua es como un bozal que evita, a menudo, que dañemos a los demás. Nos enseña a escuchar, a aprender de quienes son objeto de nuestra atención. Nos impone la humildad que deberíamos tener de forma innata pero que olvidamos en cuanto nacemos.

La espera más bonita que conozco es aquella que alimenta nuestra esperanza de salvación hasta que se hace realidad.

Y si hablamos de este tipo de estado de ánimo, el único que considero genuino y digno de generarlo es aquel que es fruto de la promesa de Jesús.

De los hombres solo recuerdo desengaños y grandes decepciones que transforman cualquier atisbo de esperanza en una promesa de desesperación, esta sí, cumplidora.

A menudo la espera permite que dejemos que los acontecimientos decidan, ellos, sus propios actores y/o perpetradores. Es de sabio dejar al Cesar lo que es del Cesar.

Debemos ser suficientemente prudentes para saber elegir nuestras esperas. No sea que perdamos indebidamente la paciencia. Con los años aprendemos cada vez más, o no, a escoger aquello en lo que depositar nuestras esperanzas. Para mí, como para tantos cristianos, solo en Jesús puedo esperar, descansar y anhelar el cumplimiento de sus promesas.

14 Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. (Salmo 27:14)

No digas: Yo me vengaré; Espera a Jehová, y él te salvará. (Proverbios 20:22)

7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. (Santiago 5:7)


Que Dios os bendiga, Alfons <><



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sábado, 17 de octubre de 2020

LA RED

Solo la fe destruye la red que teje nuestra condición. (Anónimo) 

Me acuerdo, de pequeño me intrigaba muchísimo la labor de la araña tejiendo su red, esperando su víctima y devorando su presa. Era premeditación con alevosía. Moscas y otros insectos siempre acababan cayendo en su trampa.

Hoy pasa lo mismo y aunque la denominemos social, es solo la suma de individualidades que comparten una colectividad virtual.

Cuando te pilla en sus garras es tan sibilina que casi ni lo notas, es más, nos suele gustar. Para ello la parafernalia de los likes es perfecta. Al principio nos esmeramos para conseguirlos y cuando no es suficiente la tentación de comprarlos se revela a nosotros con toda su perversidad.

Entre los jóvenes, si no estás en una red social, no existes. Y cada día nace una nueva con más exigencia, con más perversidad. Pero eso no cuenta, lo que importa es estar en ella.

Algunos dirían que estamos en la era de información. Donde podemos, debemos estar al tanto de todo. Y de hecho tenemos multicanales de comunicación y opiniones.

Yo creo que estamos en la era de lo que Joseph Goebbels definió, y perpetró en época de los nazis como propaganda. No se trata de informar sino de opinar tendenciosamente con el paraguas del sacrosanto derecho a la información. Todo bien ocultado en un símil de objetividad para que nos dejemos atrapar en su red.

Los de años acumulados como yo todavía tenemos la referencia del pasado en el que estar bien informado pasaba por contrastar la información pero nuestros jóvenes que han nacido con un móvil en las manos son presa fácil.

¿Y quién se atreve a retirarle el móvil a la criatura?

Una red sirve para atrapar y no para difundir. Y si bien nos venden lo segundo, la cruda realidad es que estamos de pleno en lo primero.

No todo es negativo en las redes y eso es lo peligroso porque podemos llegar a ellas con buenas intenciones y acabar presos de las malas influencias.

Estamos ahora en la fase de madurez de la red. Ya hemos sobrepasado la época de la información, de la propaganda, ahora es el momento de las fake news. Para ello, la red es esencial porque te atrapa sin merced y modela tu mente a su antojo con mentiras a cada cual más gorda. Y lo peor de todo es que funciona. Uno pensaría que el nivel de educación de las masas ha llegado a un punto en el cual son capaces de inmunizarse contra las falsedades pero no es así. Tal vez porque no hay más ciego que el que no quiere ver, o tal vez porque nuestra verdad no es tan atractiva.

¿Y Jesús en todo esto? Jesús es la Verdad y la vida. Su red es la comunidad cristiana, emisora de ondas de bondad, respeto, amor y enseñanza para los hijos de Dios. Su Verdad difundida, la Biblia.

Todos aquellos que tenemos a Jesús como nuestro Señor y Salvador sabemos que nada humano, y menos la red, puede darnos las respuestas que buscamos, solo Jesús y su Palabra.

Cuando nos entregamos a Él crecemos de tal manera que no hay red que pueda apresarnos.

Cuando nos dejamos embaucar por el mundo, su red nos apresa hasta destruirnos.

Estamos en este mundo pero no somos de este mundo. En la red tenemos que demostrar cada día esta frase y ser ejemplos cristianos sin caer en la tentación de nuestra condición. Nada más fácil y más difícil a la vez. Que Dios nos ampare y nos guie. Amen.

Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave; (Proverbios 1:17)

Como el ave que se apresura a la red, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasa su corazón. (Proverbios 7:23)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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martes, 13 de octubre de 2020

LA NOCHE

A cada día que pasa, 

Temo más a la noche.

Como las espinas de una rosa

O la aguja de un broche

(Anónimo)


Cuando era joven dormir era una fase indeseada del día porque limitaba mi actividad. Eso sí, algunos éramos expertos en alargar el día hasta bien pasada la media noche. Ay, juventud divino tesoro, este mismo que dilapidamos ansiando la madurez.

Cuando uno está cargado de días, y su peso se hace cada vez más insostenible y doloroso, le gusta recordar aquellos momentos en los que dormir era descansar y en los que los sueños eran las grandes películas de nuestra mente.

Parece que fue ayer cuando la suave caricia de mis sabanas me invitaba al reposo merecido. Hoy esa sensación ha cedido el lugar a la gestión de mis dolores; lumbares, dorsales, de toda índole, y de cómo soportarlos hasta el amanecer siguiente.

Lo único seguro es que mis noches son trances sin garantías de descanso. No todas y por ello celebro con gran alegría cuando me despierto sin secuelas que recordar, pero siempre se presentan como una batalla que aprehendo con gran temor.

Puede parecer exagerado pero recelo de verdad enfrentarme cada día a la noche. Aquellos que sus dolores acompañan celosamente como yo saben de qué hablo.

El único bálsamo que encuentro cuando me despierto inoportunamente es orar al Señor. Me evita dejar rienda suelta a mis fobias, mis filias. Porque en la oscuridad solo Dios es luz, el resto son sombras espesas de nuestra condición que oscurecen a más no poder el vacío de nuestros pensamientos.

Tras una o dos, o más oraciones recupero mi tranquilidad y en la mayoría de los casos vuelvo a dormirme pero algunas veces mi angustia es tenaz y no me deja descansar. Es cuando suelo entablar una conversación con el Señor le confío mis temores, le entrego mis preocupaciones hasta que la nada me invade.

Nuestra vida tiene sus noches en plena luz del día, cuando nos hieren, cuando erramos y pecamos. No hace falta esperar la noche para apelar a nuestro Señor y Salvador, es mejor entregarse a Él a cada momento, a cada instante porque solo Él puede aliviarnos de la carga de nuestra condición.

Con los años se supone que adquirimos más experiencia, y así debería ser pero no siempre hacemos buen uso de ella es como si desdeñáramos aquello que nuestras pesadillas nos han enseñado y tropezáramos una, y otra, y otra, y otra vez sobre la misma piedra. Necios del día y de la noche que somos.

Tengo miedo de enfrentarme a la noche y sus males pero menosprecio los riesgos del día como si fuera inmune a ellos. Necio de mí, olvidadizo de mi propia condición que soy.

La noche es un recordatorio de nuestra vida, no pasa sin cobrarse su tributo.

Hasta que, de la mano de nuestro Señor y Salvador descansemos en paz. Entonces desaparecerán todas las noches de nuestros días.

3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5 No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 22:3-5) 

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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miércoles, 7 de octubre de 2020

GENEROSIDAD

La envidia rompe el saco de la generosidad. (Anónimo) 


No soy generoso, solo prestamista, porque siempre espero algo a cambio. Es una verdad como un templo y por mucho que me defienda de ello, es así. Pocos son aquellos que de verdad actúan con amor ágape con sus semejantes.

La generosidad no mide ni evalúa las actuaciones de sus beneficiarios porque se rige por un solo criterio que supera toda norma, pacto, principio, se rige por el amor que uno posee, o no. Por eso es tan difícil de encontrar por estos mundos.

Una prueba irrefutable es que aquel que lee la parábola de los obreros de la viña no puede evitar de percibir como un cierto sentido de injusticia viendo que aquellos que han trabajado una hora cobran lo mismo que los que se han empeñado durante todo el día. Y visto desde el ego de nuestra condición así lo parece.

Pero la verdad es otra, y esta parábola tiene como propósito enseñárnosla. Lo que cuenta no es lo de los demás sino lo nuestro y si hemos acordado un sueldo y se nos paga, ¿Qué más podemos pedir? Gracias a Dios. Claro, eso para los humanos no es suficiente además debemos asegurarnos de que es lo merecido, tanto lo nuestro como lo de los demás. Anteponemos la meritocracia a la Gracia de Dios. Queremos ser merecedores en lugar de agraciados. ¿Y sabéis qué? A ese juego todos somos perdedores, todos. No nos salvamos ni uno. Jesús, Pablo y todos los apóstoles, profetas nos lo enseñan en las escrituras. Solo por Gracia, sí, primero solo por Gracia, mediante la Fe para buenas obras somos salvos. Y eso no lo puede medir nadie en este mundo porque la Gracia es un privilegio de Dios para sus hijos. Debemos ser conscientes de nuestras limitaciones y aprovechar que somos tan poca cosa y que a pesar de nuestra condición, el amor de Dios se manifiesta en su Gracia derramada sobre nuestras vidas.

Cuando pensamos ¿Cómo puede este cobrar lo mismo que yo si solo ha trabajado una hora? Nos estamos atribuyen una potestad que no tenemos y que además nos perjudicaría si la tuviéramos; la de medir. Si nosotros hemos pactado un sueldo y este nos es pagado, debemos darle gracias a Dios. Y si vemos que uno que no ha trabajo tanto cobra lo mismo debemos también darle gracias a Dios (eso es más difícil por no decir casi imposible) Al amor no se mide en términos humanos, se le da vida en nuestras vidas.

Muy a menudo lo que nosotros consideramos injusticia, guiados por nuestra envidia, es un acto de generosidad. Y si no lo fuere o no nos lo pareciere, es cosa de Dios, no nuestra.

No pasa un día en el que no estemos retados a actuar como cristianos en este tipo de situaciones y deberíamos dejarnos guiar por las enseñanzas de Jesús y dejar a los demás lo que es de los demás. Viviríamos más felices y haríamos más contentos a nuestro Padre celestial.

De hecho Dios también nos enseña a través de nuestra propia vida este tipo de lecciones. Por ejemplo cuando veo mi hija resolver un problema y obtener buenos resultados cuando a mí me ha costado mucho más resolverlo y con un resultado menos exitoso. ¿Me enfado? ¿Lo encuentro injusto? ¿Le tengo envidia? Pues claro que no, es más, es todo lo contrario. Primero le doy gracias a Dios por lo que hace en su vida y después me lleno de alegría por ella. Eso si es fuente de amor ágape. Ese mismo que Dios espera de nosotros.

El orgullo solo tiene una acepción positiva, cuando lo estamos de los demás. En este caso es antónimo perfecto de la envidia.

Ser generosos nos lleva a amar a los demás como a nosotros mismos, con generosidad.

…10 Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, 12 diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. 13 Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?... (Mateo 20:1-16)

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sábado, 26 de septiembre de 2020

LOS SECRETOS

El secreto de mi corazón es el corazón de mi secreto. (Anónimo) 


Todos tenemos secretos, ¿quién no? Y el que dice que es como un libro abierto sabe que algunas de sus páginas están encriptadas para su sólo conocimiento.

Pero ¿qué es un secreto? La definición de la Real Academia nos dice que “Cosa que cuidadosamente se tiene reservada y oculta.”

Y lo interesante de esta definición es que si bien todos sabemos ocultar, más o menos, no todos sabemos reservar y menos para quién.

Existen varios tipos de secretos, los que son de uso propio y los que son de uso compartido, y más.

Los que son de uso propio son aquellos que no queremos dejar escapar de nuestra mente. Nuestro jardín secreto los alberga celosamente. Y violar esta intimidad es como agredir con zarpas nuestro corazón. Creemos que somos los únicos en tener esa parcela de intimidad pero la verdad es que siempre la compartimos con Jesús. Y si nos olvidamos de ello, a la hora del juicio final Él nos lo recordará.

Luego hay aquellos que hacen que ser posesor de un secreto solo tenga sentido si este secreto es compartido porque si somos el único en tenerlo su utilidad es insignificante. Es por ello que la presencia de estos secretos es, en sí, un secreto a voces porque cuanto más personas saben que existe y desconocen su contenido más importancia cobra este secreto.

De ellos nace la jerarquía de su conocimiento. Quién sabe y quién no. Quién es conocido sabedor y quién no.

En definitiva los secretos son parte de nuestro cotidiano, vuelan como aves rapaces buscando su próxima víctima.

Pero también los hay que son una forma de ser elegidos, de ser escogidos. Son aquellos que buscan a sus destinatarios para ofrecerles el privilegio de su conocimiento. Y estos son los que nos revelan a Dios, a Jesús en nuestra vida.

No es casualidad, más sí causalidad que Dios ya tenga sus hijos sorteados. Y nada tiene que ver la predestinación que no deja de ser un concepto humano inútil cuando intenta definir las intenciones, las motivaciones de Dios. La palabra lo dice: “que en Él nos escogió antes que creara el mundo”. En Él y no Él, en su seno estábamos, somos parte de su esencia que transformó en existencia.

Cuando veo tantos mensajes de nuestras iglesias orientados a que salgamos evangelizar al mundo me llena de gozo pero también de preocupación. Porque es una gran responsabilidad y debemos ser conscientes de que no convertiremos a nadie sino que solo Dios da a conocer a sus hijos sus secretos. De que solo nuestro testimonio y ejemplaridad pueden y deben ser la piedra angular de la evangelización a la que se tiene que ceñir el cristiano. No diciendo lo que hay que hacer, de eso ya se ocupan Jesús y la Palabra, sino haciendo real sus enseñanzas en nuestra vida cotidiana.

La mejores predicas de un cristiano son su vida, por ello escasean más de lo deseable. Pero nuestra esperanza está en la Gracia de nuestro Señor y Salvador, a nosotros el empeño en perseverar.

Los secretos del Señor son para los que le temen, y Él les dará a conocer Su pacto. (Salmo 25:14)

16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. (Romanos 2:16)

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1:4)

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miércoles, 9 de septiembre de 2020

JERARQUÍAS

Las jerarquías humanas son estructuras sentenciadas a derrumbarse. (Anónimo)

Hay quien confunde la gradación con la graduación, en materia espiritual se manifiesta por la diferencia que hay entre la ambición y la vocación.

Las jerarquías son estructuras frágiles que precisan de muy poco para derribarse. Tan solo un pensamiento novedoso y revolucionario como el de Lutero fue suficiente para que se tambaleara la sacrosanta iglesia.

El ser humano tiene una tendencia natural en jerarquizar todas las estructuras. Los cristianos no somos ajenos a esta tentación. Confundimos fácilmente el hecho de asumir responsabilidades con el decoro de ostentarlas.

Hay una línea muy fina entre estos dos conceptos que hace que caigamos fácilmente en las garras de la vanidad.

Somos tan aficionados en la creación de jerarquías que cualquier oportunidad es objeto de sus escalafones. En la familia, en la escuela, en el trabajo, en el deporte etc…

Las jerarquías no son de por sí ni malas ni buenas, solo son lo que nosotros hacemos de ellas.

Si bien yo distinguiría aquellas que son heredadas de aquellas que son creadas por el ser humano. Por ejemplo ser padre o madre no se decide de forma administrativa sino que es la consecuencia del nacimiento de un bebé. Ser padrino sí es una categoría creada por el hombre para suplir una posible necesidad.

El presidente de un país democrático es elegido por el pueblo y la estructura que lo sustenta se basa en el establecimiento de jerarquías múltiples como ministros, administración, etc… Nos pasamos los lustros eligiendo y tumbando gobiernos.

En el caso de nuestra vida espiritual pasa lo mismo. Un pastor, un diácono, un anciano no son más que personas pecadoras como cualquier feligrés que han aceptado servir a Jesús en sus comunidades más allá del mero hecho de congregarse. Pero quien no ha visto o vivido aquellas situaciones donde tanto el pastor como los ancianos son poco más que inaccesibles. Siendo su presencia en el estrado magnificada por un posado de circunstancia. Por suerte la mayoría no son así aunque hay más de lo que a uno le gustaría. Y eso sucede porque el hombre confunde muy fácilmente responsabilidad y poder, humildad y soberbia.

A mí me gustaría que las predicaciones no se hicieran en púlpitos sino en medio de la comunidad, como uno más. Porque en el fondo son uno más. En algunas iglesias también están en el estrado los ancianos. Si algo nos debería dar la edad es el conocimiento y concienciación de nuestra pequeñez frente a Jesús. A mi humilde punto de vista solo Él puede y debería presidir en el estrado de un lugar de culto.

El respeto debido a nuestros tutores espirituales no debe confundirse con idealización de sus personas.

Sé que es demasiado pedir pero yo que he sido diacono me doy cuenta de mi propia vanidad en aquellos momentos. Sintiéndome algo más que mis hermanos cuando a los sumo era algo menos que ellos.

Ser padre no se aprende aunque sí se trabaja. Algunos se consideran buenos padres, otros siguen intentándolo y otros renuncian a ello. Pero no nos engañemos solo los que siguen intentándolo conseguirán mejorar, el resto se perderá en los entresijos de la jerarquía que se atribuyen a sí mismos o a la que han renunciado.

Estar en la parte alta de la jerarquía no nos ensalza, solo nos obliga a ser conscientes de que tenemos responsabilidades añadidas que no se traducen en privilegios sino en obligaciones. Nos obliga constantemente a hacer el esfuerzo de considerarnos uno más y nada más. La humildad se trabaja constantemente luchando contra nuestra condición.

Difícil reto en este mundo donde endiosar es una necesidad enfermiza de nuestro ego. Nada nuevo bajo el sol.

Tenemos un modelo perfecto a seguir, Jesús. Su jerarquía se fundamenta en el amor. Su humildad lo llevó como Dios a hacerse humano para salvarnos. ¿Qué mejor ejemplo a seguir?

11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. (Juan 10:11-16)

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lunes, 7 de septiembre de 2020

YO SOY

Pienso, luego existo. (Descartes)

Hay una gran diferencia entre ser y existir. Una diferencia que no siempre, por no decir casi nunca, aplicamos a la hora de utilizar una u otra palabra.

Añadimos a la confusión usando indiscriminadamente, e incorrectamente tanto la una como la otra para una misma expresión, y el mejor ejemplo es la famosa frase “pienso, luego existo”. Cuando la frase dicha por Descartes en francés era: “je pense, donc je suis” dándole su sentido a “pienso, luego soy”.

Pero todos estos juegos de palabras por no decir de sentido obvian lo obvio. La esencia se refleja en el “ser”, la materialidad en el “existir”.

Veamos un ejemplo sencillo, cuando decimos este paisaje es bonito. El atributo de bonito define la esencia del paisaje, no de por sí lo cualifica materialmente. Podría ser el paisaje inventado de un cuadro y no existir. Esto no impide que su esencia sea la que se denomina como “bonita”.

¿Dios existe? Muchos incrédulos y ateos se empeñan en decir que no.

A riesgo de chocar, yo también opino que Dios no existe porque Dios “es”. El mismo le dice a Moisés: “Yo Soy el que soy”. Reconocer que existe sería rebajarlo a nuestra visión de la condición humana finita. Porque en ella todo tiene su tiempo y las cosas, o los seres que existen, tarde o temprano, dejan de existir. Dios es infinito, atemporal, ¿cómo pretendemos encasillarlo en nuestras limitaciones?

Y qué decir de Jesús que, siendo componente del Dios trino también identifica su esencia diciendo “yo soy”.

No dicen yo existía o existo, no “yo soy”. Atemporal, pasado presente y futuro.

Es importante de ser conscientes de esta gran diferencia entre lo finito y lo infinito, entre los hombres y Dios. No podemos enmarcar nuestra visión, percepción, sensación  de la esencia de Dios dentro de una definición trivial como la de existir. Es para mí irreverente y falto de conocimiento.

Entiendo y acepto que muchos podrán argüir que mi visión es estricta y reduccionista. Yo diría que es todo lo contrario porque nos encasilla en lo que somos: humanos, luego existimos y pone a Dios en el pedestal que solo a Él le corresponde: divino, porque Él es “YO SOY”.

No es fácil tocar este tema porque al ser humano no le gusta que lo rebajen a lo que es, humano. Por ello se empeña en crear y endiosar a sus ídolos con pies de barro. Ya sean estrellas del cine, del deporte, de los negocios. Para mí son más bien estrellados porque la fama es vanidad y la vanidad es pecado y el pecado muerte. Sino directamente en este mundo, sí en el que nos espera con los brazos abiertos Jesús.

14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. (Éxodo 3:14)

58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. (Juan 8:58)

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