LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

sábado, 5 de junio de 2021

LA DECISIÓN

No dejes que una decisión temporal se transforme en error permanente. (Anónimo)


La capacidad de decisión es el motor de nuestra experiencia, siempre y cuando seamos conscientes de que, no decidir, también es una decisión.

Nuestras vidas son la suma de nuestros aciertos, de nuestros errores, pero también de nuestra capacidad se sobrepasar la vanidad del éxito, y de aprender de nuestros errores. De hecho, nuestros traspiés son la base de las victorias del futuro de aquellos que aprenden a superarlos y nunca se rinden.

La vida es una maquina de generar oportunidades, ya sea de éxito o de fracasos. Y más que nuestros triunfos, los fiascos, que tapizan la senda de nuestra vida, una vez superados, son los cimientos de una existencia plena.

Un creyente no está exento de las pruebas, es más, hasta puede ser que tenga más que aquel rico que, envanecido en su dinero y su vida de lujo, vive fluidamente su existencia, sin preocuparse de los demás.

A primera vista podría parecer injusto, pero la justicia no es nuestra y como bien sabemos Dios alecciona a quien ama, para bien.

Cada día tomamos infinidad de decisiones, a veces hasta sin percatarnos de ellas y del impacto que pueden conllevar. Solemos ser atrevidos, y si bien, con la edad, esta fogosidad va matizándose hasta desaparecer en la mayoría de nosotros, no deja de ser una parte esencial de nuestro carácter.

Hay los prudentes, para quien la decisión es un acto lo suficientemente importante para que se merezca un tiempo de reflexión. Los atrevidos que actúan y luego piensan, y todos los demás que navegan entre el primero y el segundo, según la situación, su humor, su amor.

Para el cristiano, el contexto se plantea de forma diferente, o así tendría que ser. Porque nosotros, los hijos de Dios, sabemos que nada nos pertenece, ni nuestras propias decisiones. Esto que digo, para el mundo es tabú, no se toca a nuestra libertad. En él los hombres nos hacemos porque, como dijo Descartes, pensamos luego somos. El orgullo de nuestra vanidad ilustrada se resume en esta declaración de intenciones.

Pero los creyentes no abrazamos este credo. Cuando pensamos, buscamos el Espíritu Santo para que nos guíe. Cuando actuamos ponemos en oración (o así debería ser) nuestras decisiones, nuestras actuaciones en manos del Señor porque solo Él puede guiarnos.

El mundo atribuye a la suerte lo que los cristianos otorgamos a la providencia de Dios. Para nosotros la suerte no existe. Es una ofensa a Dios pensar que algo se le pueda escapar.

Debería ser para nosotros una disciplina de vida el pensar en poner en mano de Dios nuestras decisiones. Él siempre responde, aunque nosotros no siempre sepamos, o queramos, ver respuesta. Lo digo yo, que todavía vivo demasiados momentos de exacerbación en los que me olvido de Jesús. Pero también tengo que decir que cuando lo hago bien, y pongo las cosas en mano de nuestro Señor, Él siempre me responde, a veces no lo que yo querría, pero siempre lo que más me conviene. Es un proceso lento y difícil pero tan necesario en mi vida, como el aire que respiro.

Aprender a decidir a través de Dios es aprender a ser cristiano. Es aceptar la humildad que nuestro ego nos impide ver. Es buscar constantemente a Jesús, a Dios en todo lo que hacemos, o dejamos de hacer. En todo lo que nos sucede o deja de suceder. Cada vez mejoro un poquito y me acerco más Dios a través de Jesús. Aprendo a desaprender lo mundano que hay en mí, a olvidarme de mi yo para centrarme en mi creador. Es la transformación esencial de mi vida, estar en Él, descansar en Él, y todo seguirá el curso que debe y no el que pretendo. Amen

La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella. (Proverbios 16:33)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

domingo, 30 de mayo de 2021

ATREVERSE

El atrevimiento es el lujo prohibido de la duda. (Anónimo)

He conocido, en mi vida, más personas que no se han atrevido a acercarse al Señor que personas que reniegan de Él. ¿Por qué será que nuestro ego y nuestra vanidad siguen siendo barrera infranqueable par abrir los ojos, el espíritu y el alma?

Siempre hay en una conversación, cuando hablamos de nuestra fe, un momento en el que el que comparte con nosotros nuestro testimonio se pregunta ¿y por qué no yo? La respuesta se la dan a sí mismo casi instantáneamente: porque no me lo creo.

Y yo me pregunto, ¿si aceptan hablar del tema, será porque no creen o porque no se atreven a querer creer?

¿Qué es lo que hace que nuestra condición supere nuestra mente en situaciones como estas?

Es muy interesante observar como cada cual, frente a este reto, se escabulle con alevosía de la opción que se le ofrece. Dios es testigo tanto de nuestras decisiones como de nuestras no decisiones, de nuestras certezas como de nuestras dudas.

Pero realmente se puede hablar de dudas por parte de nuestros interlocutores o más bien de falta de atrevimiento, de no querer comprometer su supuesta libertad o su intelecto.

Todos tenemos momentos de dudas, pero estas no pueden adueñarse de nuestra vida, sobre todo cuando se trata de acercarse a Dios.

La fe es la respuesta a la duda, y los incrédulos me responderán que no quieren darle un cheque en blanco a aquello que no entienden o no aceptan. Y ¿Qué hacen cada día cuando niegan a Dios, no dan un cheque en blanco a su incredulidad? ¿Es más fuerte la negación que la aserción? ¿Por qué?

Tal vez porque nos evita comprometernos, si más no, a atrevernos a querer rendirse a Él. Pero claro eso exige una humildad que solo la fe te permite, los hombres ellos prefieren buscar sus propias divinidades que de buscar a Jesús.

No se necesita prueba de la realidad de su esencia, “yo soy” nos dice el Verbo hecho hombre para salvación de su pueblo. Sus hijos, por obra del Espíritu Santo que mora en nosotros, abrazamos este credo, no sin nuestras pruebas y nuestros titubeos, por ser creyentes no dejamos de ser humanos en este mundo, rehenes de nuestra condición. Pero dándole la mano a Jesús, nuestras ataduras van resquebrajándose a cada paso que damos hacia Él, y eso nos conforta.

Frente a las cadenas de la duda solo el atrevimiento nos puede liberar. A nosotros, a todos aquellos que se atrevan a acercarse a Jesús sin prejuicios, ni temores. El Espíritu fue derramado por Jesús sobre la faz de la tierra, los no creyentes también lo tienen, aunque este ignorado en lo más recóndito de sus mentes. No hay persona, por mucho que lo niegue, que no ha pensado en un momento u otro en Dios y en la creación, otra cosa es que haya perseverado en su curiosidad.

El existencialismo intentó dar una respuesta humana a una pregunta divina. Es un perfecto ejemplo de nuestra imperfección. La existencia frente a la esencia. Nada de lo que existe, tampoco nosotros, tenemos la capacidad de entender la esencia de la vida, porque esta, no apela a razones humanas sino divinas. Nada nuevo bajo el sol.

El creyente no necesita ser valiente, tan solo ser un humilde, y manso, siervo de nuestro Señor. Nada más sencillo y complicado a la vez para el ser humano.

Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: Tú, ¿quién eres? sabiendo que era el Señor. (Juan 21:12)
Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. (Filipenses 1:14)


Que Dios os bendiga, Alfons <><



Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

domingo, 9 de mayo de 2021

PUREZA

Es más fácil morir por la pureza que con pureza. (Tertuliano, 150-220 DC)


El que dice haber visto la pureza en este mundo es ciego, y si no de vista, sí de espíritu con toda seguridad.

Querer imaginarse la pureza, es querer imaginarse a Dios y Dios nos se imagina, se vive.

Solemos decir, con desacierto, que los niños recién nacidos son el símbolo de la pureza. Nada más lejos de la verdad, por mucho que nos pese, todos nacemos con el pecado y solo es cuestión de tiempo, a veces poco, para que este se revele.

La pureza es un territorio que, si bien nos es prohibido entrar en él, sí nos es lícito anhelarlo, pensando que, un día, lo disfrutaremos con Dios.

Lo puro no admite mancillo, por ello nada en este mundo lo ha sido, lo es y lo será, aparte de Jesucristo.

El símbolo de la pureza es el blanco, libre de toda corrupción, pero por mucho que nos revistamos de blanco, nuestro corazón cobija el tiznón de nuestra condición.

Vivir en este mundo es experimentar la cotidianidad de sus depravaciones. No tenemos un momento de resquicio de paz que no sea a través de Jesús. Solo Él nos puede aliviar y proteger de la agresión constante a la que nos enfrentamos.

Esto puede parecer exagerado, pero si nos creemos inmunes, nos exponemos, con toda seguridad, a caer en las garras de la tentación, del pecado, en resumen, de nuestra condición humana empujados por nuestra vanidad, nuestro orgullo, nuestro ego.

Que lejos está todo esto de la pureza, que es la promesa que impera en el cielo, rodeando Dios, ensalzándolo y rindiéndole la pleitesía natural que toda la creación le debe a su creador.

Para mí, la pureza es sinónimo de paz de un silencio que nos susurra al oído cánticos de amor ágape. No puedo imaginarme a un solo humano de este mundo en ese jardín de delicias y de amor, porque la suciedad que envuelta nuestros corazones lo deshonraría y Dios no lo permitiría.

Cuando leo la vida de Jesús leo pureza, cuando leo la palabra de Dios me enriquezco de pureza divina. Limpia, día tras día, las corruptelas de mi espíritu, infatigablemente me restaura, a cada lectura un poco más.

El camino de santidad tiene como promesa acercarnos, a cada paso, a Dios mediante Jesús. La luz al fondo del túnel de nuestra vida es pura, inmaculada, es el Señor esperándonos con los brazos abiertos, con su Gracia, con su amor infinito porque Él nos conoció antes de la fundación del mundo.

Nosotros no escogemos a Dios, Él nos eligió y eso ha sido, es y será en nuestras vidas por los siglos de los siglos.

Envueltos de su pureza ya nada temeremos, su vara y su cayado nos infundirán aliento para que lleguemos a nuestro destino final: el principio de la vida eterna a su lado.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1:3-4)
1Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. (1 Juan 3: 1-3)


Que Dios os bendiga, Alfons <><



Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/ http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

lunes, 3 de mayo de 2021

EL AMOR

El amor es un sentimiento engañoso, se mata más por amor que por envidia. (Anónimo)


Me gustaría expresar un descubrimiento que hice recientemente, a raíz de una predicación, y que ha transformado mi visión de la vida, y de lo que es, o debe ser a mi entender, el amor para un creyente.

Cuando leemos la palabra del Señor, el amor es una constante. Se engaña y mata por él (David), se sacrifican por él (Pablo) y muchos lo vemos como el sentimiento que transforma la ley en un cometido renovado. Es imposible obedecer a la ley en su conjunto, pero es posible amar, a Dios, Padre, Hijo, Espíritu Santo, y a los demás como a nosotros mismos.

Aunque esto último sea un reto que desafía constantemente nuestra capacidad de gestionar nuestros sentimientos. No nos olvidemos que amamos y odiamos por las mismas razones, los mismos impulsos, sean estos instintivos y/o impulsivos, constructivos o destructivos.

Pero hay un detalle que cambia todo esto, porque si amar solo dependiera de nuestras emociones, estaríamos condenados al fracaso, y ese detalle es que Jesús no lo trata como un sentimiento, no. Él no nos dice que nos amemos los unos a los otros, NO. Él nos manda que nos amemos los unos a los otros (Juan 13:34), y eso lo cambia todo porque ya no se trata de lo que sentimos sino de la obediencia, o no, que queremos manifestar frente al mandamiento de Jesús.

Y es todavía más explícito en Mateo 22, del 36-40, donde nos manda que amemos a Dios con todo nuestro, corazón, nuestra alma y nuestra mente. Esto implica obediencia y entrega total de nuestro ser, físico, espiritual y mental.

Todos sabemos que la mente no controla los sentimientos, ya le gustaría. De ahí la sinrazón de muchos de nuestros actos pasionales, emocionales, que nos abocan al pecado, llámese, envida, celos, prepotencia, egoísmos, orgullo, vanidad y tantos más.

Entonces, si amar es un mandamiento, esto hace que las emociones, nuestras emociones, deban apartarse del camino de santidad que debemos emprender, para sustituirlas por la obediencia. Y esto, por muy chocante que parezca a nuestro ego, es liberador porque nos exime de dejarnos llevar por impulsos incontrolados trasladándonos al terreno de la sumisión, del acatamiento a lo que nos manda Jesús. Eso es mucho mejor para los que tienen a Jesús por Señor y Salvador y condenatorio para aquellos que, en lugar de obedecer, dejan rienda suelta a sus emociones pensando que amar es una opción, cuando no lo es.

Cuando entendí esto, me di cuenta de las consecuencias que tenía en mi vida, y en algunas de mis emociones, como el rencor tras una gran decepción. Ya no tenía que sentir lo que me había sucedido, solo tenía que obedecer a Jesús con amor.

¿Quiere decir esto que el amor deja de ser un sentimiento? De ninguna manera, es lo más bonito y lo más precioso que uno puede obsequiar y vivir. Pero no solo porque lo sentimos sino, y, sobre todo, porque obedecemos al principal mandamiento de nuestro Señor Jesús.

Esto hace que amar sea más fácil y provechoso, tanto para nosotros como para los demás, porque cuando pienso en mis decepciones y mis rencores, estos se desvanecen para dejar lugar al amor que le debo a mi prójimo, a mi amigo, a mi hermano. Además, cuantas veces lo habré, yo, despechado. Las rencillas desaparecen frente a nuestra obediencia a Jesús. Nada mejor en este mundo que entender que los mandamientos de Jesús son paz y amor en nuestras vidas.

El amor deja de ser solo una emoción cuando Dios entra en nuestras vidas. La obediencia a Jesús es la que hace que la misericordia, la compasión, la piedad dejen de manifestarse, como acto de soberbia de nuestro ego, para transformarse en sumisión a nuestro Señor y Creador, y eso precioso.

El amor, cuando solo se considera como un sentimiento, es cuna del pecado vivo en nuestra condición. Si entendemos esto, comprenderemos por qué Jesús lo transformó en el gran mandamiento.

Dios nos ha regalado su amor, siendo su Gracia su máxima expresión. De nosotros depende que este precioso obsequio fructifique en nuestras vidas y nos libere de las riendas del mal.

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. (Juan:13:34)
36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:36-40)


Que Dios os bendiga, Alfons <><



Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

domingo, 18 de abril de 2021

EL ÉXITO

El éxito hace que las críticas sean indigestas. (Anónimo)


El éxito es una enfermedad moderna, se cura con humildad, un medicamento que escasea en este mundo.

Todos aspiramos a tener éxito en nuestras acciones, ¿quién desea fracasar?

Uno puede pensar que, si tenemos éxito, nuestra vida mejorará y seremos más felices. Es una trampa fundamentada en nuestro ego, nuestra condición humana.

La pregunta es ¿qué precio estamos dispuestos a pagar para conseguirlo?

Si observamos en el mundo laboral los hombres de éxito suelen ser, o más bien acaban siendo, lobos solitarios. Abandonados a lo largo del camino por sus seres más queridos, hartos de ser descuidados a provecho de la carrera profesional del implicado. Eso sí, tienen cohorte, y sus seguidores les rinden pleitesía, hasta que dejan de tener éxito, porque entonces todo este espejismo desaparece y deserta al sujeto frente a lo que es, un ser abandonado de todo y de todos, por libre elección. Por ello hay tantos adictos al éxito que no quieren parar nunca su ascensión.

La mejor forma de no fracasar es eludiendo el éxito, porque solo se caen aquellos que quieren subir, y subir y subir. Los demás, cuando se caen, se levantan y aprenden de sus tropiezos.

Uno no prospera a golpes de éxito, mas sí venciendo sus infortunios y sus errores.

De la misma forma que no se puede hacer una tortilla sin no se rompe un huevo, no se puede tener éxito sin hacer fracasar a los demás.

La diferencia entre el sabio y el necio es que, el sabio huye constantemente del éxito, mientras el necio lo busca desesperadamente.

Dios no enseña, en su Santa palabra, que las riquezas de este mundo solo son tropiezo para el alma. Nos invita a enfrentarnos a nuestras tribulaciones como incentivo para encaminar la senda de santificación. Las bendiciones llegan a aquellos que se hacen merecedoras de ellas, los demás las transforman en maldiciones.

Dios atribula a aquellos que ama, es la mejor forma de mantenernos alejados de nuestra vanidad y de nuestro orgullo. Puede parecer duro, pero en realidad es la escuela de la humildad y de la obediencia, que nos hará acercarnos a Él y gozar de su Gracia y de su amor infinito.

El exitoso no busca a Dios, se complace en si mismo, mientras el humilde solo vive para su Padre celestial haciendo que el éxito no sea nunca un atavío suyo.

Toda mi vida he buscado ser exitoso hasta que Dios me enseñó que el único triunfo que cuenta a sus ojos es aquel que se viste de humildad, amor, compasión, obediencia. Y eso solo le es posible a aquel que deja que su ego desaparezca en beneficio del amor de Dios apoderándose de nuestros corazones.

Debemos enseñar a nuestros hijos, y nietos, que el único éxito que cuenta para Dios es el triunfo del amor en nuestras vidas, hacia Él, y hacia los demás como a nosotros mismos. Es el único que realmente vale la pena.

Cuando veo a los jóvenes de hoy, y el culto al éxito que impera en este mundo, me entristece y me preocupa, porque he vivido esta ascensión hacia el infierno de nuestro espíritu, tan tentador como destructor, y sé que solo aquel que se entrega a Jesús saldrá vencedor de esta prueba, que es la prueba de nuestra vida. De vida, sí, pero de vida eterna. Amen.

23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. (Mateo 19: 22-24)
7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles. 8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David. (1 Samuel 18:7-9)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

domingo, 11 de abril de 2021

EL MUNDO

El mundo es el conjunto de todo lo que existe, más, por suerte, no de toda su esencia. (Anónimo)


Vivimos en un estado de des-gracia permanente. Estamos bajo el ataque constante de la tentación que nos ofrece, que nos impone, este mundo secular.

Es tanto así, que la vida espiritual, que debería ser el puntal de nuestra razón de ser, tan solo es una anécdota, o incluso una singularidad para el común de los mortales

De hecho, hemos conseguido capar hasta lo más importante de nuestro comportamiento intrínseco: el compromiso.

Si preguntamos a alguien si es creyente nos enfrentamos a varias respuestas, desde el sí hasta el no, pero la más peculiar, y yo diría la más mundana, es decir:” soy creyente pero no practicante”. O sea, me apunto, por si acaso, pero sin compromiso ni deberes. Es la quintaescencia de la mundanidad. Una forma práctica de ser “espiritualmente correcto”, eso sí, sin lazos que alteren mi bienestar.

Nosotros, los cristianos, no somos de este mundo, pero estamos llamados a estar en este mundo, para ser sal y luz en sus tinieblas. El contrapunto que hace que nadie pueda obviar la evidencia, que tenemos que elegir a quien entregamos nuestra vida, tanto esta, como lo que nos depara más allá de ella. Si al mundo y sus deleites, o a Dios y su Gracia. Y no es baladí, como muchos puedan pensar, porque en definitiva nuestro libre albedrío nos impone escoger, y no vale negarnos a ello porque, en sí, no comprometernos, es una forma de compromiso.

Nuestra condición humana nos arrastra constantemente hacia la mundanidad y solo, con el respaldo de Jesús y la presencia del Espíritu Santo, en nuestra mente y alma, podemos ir corrigiendo nuestras desviaciones.

Se dice que la fuerza de la gravedad es la fuerza que la tierra ejerce sobre todos los cuerpos, inertes y vivos. El mundo tiene su fuerza de gravedad en el pecado. Porque cuando eres del mundo estas arrastrado hacia sus profundidades, mediante los deseos de nuestra condición humana, núcleo del tropiezo.

El apetito de la carne solo tiene los límites de nuestra concupiscencia. Nada nuevo bajo el sol, pero los hijos de Dios tenemos un antídoto perene, que nos redime constantemente de nuestros tropiezos. Entregarnos a Jesús y a su sacrificio en la cruz para redención de nuestros pecados. Sin Él, existimos en el mundo, hasta que nos llegue el final. Con Él, somos esencia que se regenera perpetuamente lavados por su sangre. Y la esencia no precisa de existir, es permanente e invariable, lo más característico de ser redimido.

No somos, yo el primero, lo suficientemente agradecidos a Jesús por haber hecho posible el milagro del perdón de nuestros pecados. Ni a Dios por su Gracia sin la cual nuestra existencia estaría condenada a compartir el fracaso de este mundo. Deberíamos agradecerles cada día de nuestra vida el milagro que han operado en nuestro ser, por amor.

En la tierra, reina el mundo hasta que venga Jesús y lo juzgue. ¿Qué mejor abogado que el propio Jesús en nuestras vidas, pues? Amen

3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne (2 Corintios 10:3)

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 JUAN 2:15-17)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/

lunes, 5 de abril de 2021

ELEGIR

Cuando elegimos solo pensamos en la puerta que estamos abriendo, obviando todas las demás que se están cerrando. (Anónimo)

Toda nuestra vida tomamos decisiones que nos llevan hacía un lado u otro.

De joven, nuestras elecciones no nos preocupan, ventilando sus consecuencias como parte de nuestro aprendizaje, de nuestra obligada experiencia.

Cuando llegamos a la madurez, que cada vez es más tardía, y hasta brilla por su ausencia en según qué casos, las elecciones pasan a ser una problemática a resolver, que no tiene siempre fácil solución. Pasamos más tiempo en pensarlo que en actuar. Algunos lo llaman sabiduría, otros, insensatez, pero la verdad es que, siendo conscientes de que el mundo ya no es blanco o negro, como pensábamos en nuestra juventud, todo el peso de las consecuencias nos amedranta y nos invita a la prudencia.

Eso solo para aquellos que han aprendido de sus errores porque, los demás, insisten en su ligereza a la hora de actuar, y transforman sus errores en horrores.

Hay tantos caminos para llegar a nuestros propósitos que tomar una decisión se transforma, a menudo, en decidir qué es lo mejor para uno mismo, o para los demás.

Uno de los casos más comunes sucede cuando debemos elegir entre el confort, de nuestra vida y la fidelidad a los demás.

¿Cuántas veces hemos sacrificado una relación por privilegiar otra más confortable o incluso supuestamente más legitima?

Los hombres somos capaces de revestir de justificación cualquier cosa que pueda confirmar nuestras decisiones. Y cuánto más, cuando podemos cubrirlas del atuendo de una coartada exculpatoria.

Desatender a un familiar, hijos, hermanos, padres, etc.., no tiene excusa.

Desatender a los demás tampoco la tiene.

Entonces ¿Qué pasa cuando la situación nos obliga a priorizar a uno u otro?

¿A quién, es más licito privilegiar?

Todos deben recibir la atención que necesitan, cuándo la necesitan. Siempre existe un momento para poder dedicarse a cada cual, con cariño y amor. Como Jesús lo hizo con todos nosotros. No se aceptan excusas.

La vida, a veces, nos ofrece desengaños para que aprendamos de ellos porque, no de encantos se nutre la experiencia, mas si de nuestros errores, tanto como de los ajenos que nos puedan afectar.

Todas las relaciones se cuidan, las carnales son indisolubles, pero no por ello exentas de nuestras malas elecciones. Por ello hay que atenderlas con cariño.

El resto, depende de la importancia que les demos, no de boca, sino con los hechos y los frutos de nuestras decisiones.

Las relaciones solo viven a través de sus implicados. Se nutren del agua de vida del amor reciproco, pero no regándolas cuando a uno le conviene, sino cuando el otro lo necesita. Si no se irrigan se marchitan y desaparecen. No solo son amor en sí, también y sobre todo son un contrato reciproco de amor. Su firma: la fidelidad, esa misma que no acepta compromisos porque es una obligación voluntaria.

En las buenas relaciones no existe jerarquía, las malas, ellas están repletas de categorías.

Seguir a Jesús nos obliga a decidirnos, a encaminarnos hacia una vida de santidad, o hacia una vida secular en este mundo. No hay medias tintas, estamos con Él o lo negamos. Es una relación que Jesús mismo cualifica de amistad y eso implica reciprocidad y compromiso a través de nuestros hechos.

El albedrío es un don que Dios da al mundo para que se separe el trigo de la paja, sus hijos del resto. Este don lo utilizamos constantemente con más o menos prudencia. Su buen uso nos edifica y su mal uso nos envilece y eso, muy a menudo, sin que nos demos cuenta.

A nosotros de saber elegir.

14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. (Juan 15:14-15)

29 Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley. 30 Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí. (Salmo 119:29-30)

En efecto, si lo hiciera por mi propia voluntad, tendría recompensa; pero si lo hago por obligación, no hago más que cumplir la tarea que se me ha encomendado. (1 Corintios 9:17)

18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7:18-20)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

Primera edición del libro electrónico con 1 año de reflexiones, versículos e ilustraciones de Manuel Redondo, a la venta en Amazon:

http://www.amazon.com/dp/B00D7IM000

http://www.facebook.com/UnDiaUnaReflexionUnVersiculo

http://un-dia-una-reflexion-un-versiculo.blogspot.com/

http://undiaunareflexionunversiculo.wordpress.com/