LA CREACIÓN

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DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

miércoles, 12 de septiembre de 2018

DAR Y PEDIR

La diferencia entre el bien y el mal es que si bien el primero te da lo que te pide el segundo solo piensa en cómo cobrárselo. (Anónimo)


Somos prontos en pedir y lentos en dar, nada nuevo bajo el sol. Pero cuando de nosotros se trata esperamos que la respuesta sea tan o más rápida que la solicitud porque si bien lo ajeno es no nos presura lo propio siempre nos apremia, se llama la condición humana.

Un buen líder no promete a su pueblo cumplir aquello que este le pide, más sí aquello que este necesita y la diferencia puede ser tan abismal como la que separa la demagogia de la honradez.

Las promesas se dan sin contar que solo su cumplimiento las hace reales. Los políticos son expertos en la materia y su capacidad de prometer está siempre superada por su habilidad en olvidar, amparándose siempre en excusas contextuales.

Pedir es fácil, de hecho algunos han hecho de ello una profesión engañosa y perversa tan moderna que ya no sabemos discernir el grano de la paja en las calles de nuestra ciudad y por ello existe la tentación de negar la solicitud. A quien no le ha pasado, siempre que me encuentro en una situación de este calado me pregunto qué haría Jesús e intento mirar la persona en los ojos. A veces doy, a veces no. ¿Actúo bien? Probablemente no, porque seguro que más de una vez me he equivocado tanto en dar como en no dar. Solo Dios escudriña los corazones en lo más profundo de sus entrañas y solo Él sabe sus motivaciones. Yo me limito a pedirle al Espíritu Santo que me guie en mis decisiones pero no creo que mi corazón este siempre escuchándolo como debiere.

Jesús nos pide que demos a los demás un pequeña parte del amor infinito con el que Dios nos obsequia. Jesús es el paradigma supremo de que hay que dar lo que pedimos para que estemos encaminados hacia la santidad: amor, respeto, perdón, humildad, ejemplaridad, etc…

Si somos capaces de dar lo que pedimos haremos que el pecado merme en nuestras vidas porque quién pide ser fustigado con desprecio, impiedad, vanidad, mala praxis, etc…

Hay una frase popular que dice: “triste es pedir pero más triste es robar” yo la cambiaría por: “triste es pedir pero más triste es no dar”. Porque todos tenemos algo que dar a los demás y qué mejor que ofrecer todo el amor que esperamos nos sea dado.

La vida es un desafío constante a nuestra capacidad de dar y pedir, tanto que hasta nos olvidamos frecuentemente agradecer aquello que recibimos mientras estamos ocupados a pedir siempre más. El hombre tiene esa desgracia humana, su falta de reconocimiento de su propia condición y del pecado que mora en nosotros. Los creyentes tenemos este reto constante en nuestra vida y somos doblemente culpables porque no podemos aludir desconocimiento en la materia. ¿Es eso ser masoquista como dicen los no creyentes? Yo creo que es todo lo contrario porque no hay solución que no empiece por reconocer el problema. Negarlo es la ocupación constante de este mundo.

14 Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. (1 Crónicas 29)

10 Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11 para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios (2 Corintios 9:10-11)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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viernes, 7 de septiembre de 2018

LA SOLUCIÓN

Solucioné el problema, ahora tengo que arreglar la solución. (Anónimo)

Todos intentamos de la mejor manera (o no) solucionar nuestros problemas. Es más, a menudo, nos definimos en base a nuestra capacidad de aportar soluciones a los retos a los que nos enfrentamos. De hecho es una de las definiciones más acertadas, entiendo yo, de lo que se supone llamamos inteligencia: nuestra capacidad de adaptación.

Pero quién no ha vivido la situación en la que nuestras soluciones solo son un aplazamiento temporal de lo inevitable. A todos nos ha pasado y seguirá pasando. Pero la pericia humana de la que disponemos de alguna forma, todos, nos permite volver a solucionar (o no) estas dificultades.

La vida está llena de estas invitaciones a nuestra creatividad, en el mundo laboral, en el mundo de los sentimientos, en el ámbito de la salud y muchos más.

Y cómo nos sentimos de satisfechos con nosotros mismos cuando hemos dado con la solución, y más todavía cuando los demás nos agradecen nuestra aportación. Nuestra vanidad, por discreta que sea, siempre se complace en estos momentos porque si de verdad no lo fuéramos, vanidosos, le daríamos al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que le pertenece. Y no hay nada bueno que hagamos que no sea por su voluntad mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros.

Ya veo los no creyentes argumentar que si bien somos capaces de hacer el mal también somos capaces de hacer el bien por meritos propios. Y desde su prisma tienen sus razones pero eso solo es posible si no tienes a Cristo en tu vida porque si de verdad lo tienes, sabes que todos somos pecadores que por nuestra condición tendemos al mal y que el bien solo viene de la pureza de nuestro Padre celestial. Cuando obramos en bondad, si nuestro corazón es del Señor, se cumplirá su obra en nosotros y si obramos en maldad estaremos menospreciando su sacrificio en la cruz. No somos salvos por obras sino por la Gracia de Dios mediante la fe para buenas obras. Eso define perfectamente quien es el impulsor y autor de nuestras soluciones, el Espíritu Santo que mora en nosotros.

Un no creyente podría argumentarnos que ¿qué pasa entonces con aquellos que obran bien y no son creyentes? ¿No son ellos los responsables de sus actos?

Yo le respondería que mejor no medirnos en base a lo bueno y lo malo de nuestras obras en esta vida porque el balance es deficitario para todas las almas de este mundo, creyentes y no creyentes si excepción. Por ello fue necesario el sacrificio de Jesús en la cruz. Aquel que cree que sus buenas obras lo eximen de culpa ya está pecando de vanidad y eso lo arrastrará en el poso de su condición.

No hay otra respuesta que la de Jesús. Él es la solución y cada vez que conseguimos solventar nuestros retos debemos darle las gracias por haber hecho de nosotros un instrumento de paz para cumplir su propósito. No somos los autores pero sí los actores de la solución, si somos conscientes de ello jamás nos olvidaremos de agradecérselo a Jesús. Amen

15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderlo en alguna palabra. 16 Y le enviaron sus discípulos junto con los herodianos, diciendo:

—Maestro, sabemos que eres amante de la verdad y que enseñas con verdad el camino de Dios, y no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. 17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Está permitido dar tributo a César, o no?

18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo:

—¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo.

Ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les preguntó:

—¿De quién es esta imagen y la inscripción?

21 Le dijeron:

—De César.

Y les dijo:

—Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

22 Al oír esto se maravillaron, y dejándolo, se fueron. (Mateo 22:15-22)


Que Dios os bendiga, Alfons<><

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martes, 4 de septiembre de 2018

LA LECCIÓN

La sabiduría no tiene manual de instrucciones porque nos exige saber aprender para aprender a saber y eso no tiene fin. (Anónimo)

La lección provechosa no es aquella que memorizamos, mas sí aquella que interiorizamos para practicarla cada día. Sin los hechos de nuestras enseñanzas no hay instrucción provechosa y viva.

Se dice del buen maestro que no es buen aleccionador mas sí buen ejemplo a seguir.

Se dice del mal alumno que es aquel que confunde la lección con la instrucción porque no todo erudito es maestro, tan solo conocedor pero no hacedor.

La vida es una escuela constante de aprendizaje, lo que pasa es que cada uno tiene sus materias favoritas y no siempre son las que más nos convienen.

La asignatura fundamental es el amor. La estableció el maestro de maestros Jesús. Pero no es muy preciada salvo cuando se trata de uno mismo. Lo vemos cada día a nuestro alrededor con faltos de amor a quien giramos la cara y el corazón. De lo contrario no habría penas en el mundo sino glorias a Dios.

La asignatura más concurrida, es el pecado. Somos todos alumnos y maestros constantemente en todos sus apartados. Asistimos a sus clases periódicamente y aprobamos masters en todos los ámbitos de la materia: egoísmo, hedonismo, crueldad, mentiras, perversión, etc…

Hay otras asignaturas que nos parecen menores pero que en realidad son mayores y un paso real para la santificación como la humildad, la bondad, la abnegación, el compromiso, el sacrificio. Si de ejemplo estamos necesitados, solo mirando a Jesús tenemos la lección y la muestra magistral pero estamos tan ocupados en mirarnos el ombligo que lo obviamos.

Después de las vacaciones siempre hay un momento en el que nos ponemos, o tratamos de imponernos, nuevos propósitos para este curso de la vida que representa un año más. Es un momento simbólico y nos gusta aprovecharlo para darle una oportunidad a buenos propósitos tanto para nosotros como para los demás. Pero por qué será que se diluyen nuestras intenciones con los días que pasan como una nube barrida por el viento. Será que la inconsistencia de nuestra voluntad es tan volátil que no resiste al bufido de nuestra indolencia.

He aprendido una lección y por aprendido me refiero a que estoy intentando poner en práctica algo que me han enseñado todos estos años de propósitos tan inútiles como frustrados: seguir los pasos de Jesús. Solo esto y digo solo por no decir TODO esto. Me he dado cuenta de que de tanto fijarme en mí he olvidado la razón principal de mi vida que es servir al Señor. Cada año es una nueva oportunidad para centrarnos en lo esencial, como hijos del Creador: Jesús. No hace falta grandes intenciones ni propósitos ambiciosos, no, solo uno, seguir los pasos de Jesús intentando en la medida de lo posible ser vehículos de su amor. Es el único pero el sublime propósito al que nos invita nuestro Señor y salvador, es la lección del Maestro de Maestros y Señor de Señores.

Para ello el Espíritu Santo que mora en nosotros es esencial porque sin Él seriamos ciegos errantes en este mundo. Un mundo en el que estamos llamados a vivir aunque no seamos de él, en el que estamos llamados a ser sal y luz en sus tinieblas que no las nuestras.

No hay casualidades pero causalidades y el Dios trino es la representación perfecta de su presencia en nuestra mente y nuestro corazón. Nuestro Padre el creador, el Dios hecho hombre para nuestra salvación Jesús y el Espíritu Santo huésped de honor en nuestra alma y consejero divino de todos nuestros pensamientos.

La lección que más me ha enseñado la vida con el paso de los años es que no soy quien para dar lecciones a nadie pero sí para ser ejemplo con mi comportamiento siempre que sea fiel a Jesús.

Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.2 Timoteo 1:13-14
Que Dios os bendiga, Alfons<><

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miércoles, 25 de julio de 2018

PARARSE

La mejor forma de avanzar es pararse. La vida está llena de caminos equivocados que elegimos sin pensar. (Anónimo)

Estamos en un mundo de vorágine constante. Ya sea de información o de desinformación pero nuestro cerebro, por no decir nuestra mente, está constantemente solicitado para que tomemos decisiones, opinemos, actuemos. Es más, aquellos que no actúan acorde a estas expectativas son tildados de tímidos, sin carácter, sin ambición.

Nuestra sociedad exige lo que califica de “compromiso” pero que en realidad es una “compra-sumisa” porque nos obligan a comprar todo lo que nos venden y porque nos someten a esta lujuria consumidora sin dejarnos pensar.

Cojamos la información, hoy en día hay más “opinadores” que noticias porque es importante que dejemos de pensar y nos encasillemos en doctrinos prefabricadas del pensamiento. Somos sus títeres y nos quieren sin cabeza. Impera lo fútil haciendo que la única salsa que conozcamos es la salsa rosa del corazón. Lo cruento, ya no nos explican los dramas nos los enseñan como una superproducción de Hollywood. Evitan que nos adentremos en el “por qué” de lo sucedido enseñándonos su versión para que no tengamos que ir más allá de ser espectador y como tal dejamos el tráiler cuando nos presentan otro, lo llaman exclusiva.

Cojamos la sociedad que nos cobija, o eso nos quiere hacer creer. Yo la llamaría la “suciedad” de consumo, donde sin vergüenza, ni tan solo ajena, derrochamos a trocho y a mocho cuanto los más inútil mejor. Si miro lo último que me he comprado, nada, pero nada de ello me es necesario para vivir pero todo está hecho para que piense que sin ello no hay vida. La “suciedad” nos invita a ser o no ser de ella y si te toca la peste del paro iras con todos los apestados, al margen de la “suciedad”. Es más si no te ha tocado acabaras pensando que eres un privilegiado como si ser imbécil fuera un privilegio, porque ¿qué somos cuando permitimos tratarnos a nosotros mismos sin respeto ni compasión? ¿Qué somos cuando preferimos mirar del otro lado en lugar de compartir con los necesitados? Pero para eso no tenemos tiempo, ni para pensar y menos para actuar. Estamos demasiado involucrados en hacer que la rueda del infortunio siga girando sin que nos toque.

Y qué pensamientos más turbios, más negativos tiene este hombre pensareis. No lo son, son tan claros y asertivos como el aire que respiramos pero solo se pueden tener si nos paramos un momento y observamos nuestro alrededor y como interactuamos con él. Veremos cómo los malos hábitos no llevan a otros peores, como nuestras mentes acaban siendo como robots teledirigidos.

Para parar esta locura hay que saber pararse porque detenerse nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras vidas y volver a coger el mano, ser proactivos en lugar de reactivos.

Todo esto que es bastante hacedero de escribir lo es mucho menos de aplicar porque no nos olvidemos de que la “suciedad” está al acecho y nos quiere para ella sola.

Jesús lo vio en el templo y ¿cómo reaccionó?

La mejor forma de pararse es en oración porque solo con el respaldo de Dios podremos encontrar el camino justo. Solo buscando a Jesús encontraremos las respuestas a nuestras peticiones y descubriremos la diferencia entre lo que pedimos y lo que necesitamos.

La mejor forma de avanzar es sabiendo cuando pararse y para eso está la Biblia, para enseñarnos cuando hace alto en la senda de nuestra vida y eso por desgracia no es noticia en la “suciedad” y los desopinadores no llenan sus tertulias de ello no sea que alguien quiera pararse a pensarlo.

15 Llegaron a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas, 16 y no permitía que nadie transportara objeto alguno a través del templo.17 Y les enseñaba, diciendo[a]: “¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones.” 18 Los principales sacerdotes y los escribas oyeron esto y buscaban cómo destruir a Jesús, pero Le tenían miedo, pues toda la multitud estaba admirada de Su enseñanza. (Marcos 11:15-19)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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miércoles, 18 de julio de 2018

ALMA ANIMAL


Buscando almas benditas encontré la de un gato que deambulaba por el corazón de sus amos, anclado en él como un áncora de amor. (Anónimo) 

El que no ha tenido hijos no puede sentir lo que sienten los padres por mucho que lo pretendan, no se aprende, se vive. El que no ha tenido un “animal” de compañía tampoco puede sentir el amor genuino que solo estos compañeros de viaje son capaces de ofrecernos porque también se tiene que vivir.

En un mundo en el que todo son envidias, codicias, intereses egoístas, lucrativos, los animales son el antídoto a nuestra amargura natural, la prueba fehaciente de que existe otro camino.

El que pretende comparar los sentimientos que les proferimos a los que dedicamos a nuestros congéneres se equivoca porque no puedes comparar el agua y la tierra si bien mezclándose dan vida en ambos casos. Dan vida al amor, ese mismo que no entiende de barreras, de límites, de clases ni de géneros.

Cada cual tiene su forma de compartir con nosotros su camino en esta vida. Los perros suelen ser obedientes (no siempre) y su amor no entiende de condiciones. Dependen del nuestro y viven del nuestro.

Los gatos son tachados de independientes pero es una obviedad engañosa porque están tanto o más pendientes de nosotros que cualquier otro animal. Los años de convivencia nos enseñan a conocerlos y a darnos a conocer y eso forja un amor que poco o nada tiene que envidiar a cualquier otro. Entender a nuestro gato nos enseña a entendernos a nosotros mismos cuando hacemos aquello que nos gusta y solo atendemos cuando nos interesa. Sí, sí, eso nos pasa a nosotros también. Pero después hay esos momentos, que son regalos divinos, de caricias, roces y ronroneos que son la expresión sencilla y aplastadora del placer compartido, del amor incondicional.

Los animales tienen un sexto sentido que también tenemos nosotros pero a diferencia de ellos el nuestro está atrofiado. Sienten la bondad y la maldad ajena como una feromona embaucadora que define a sus dueños o aquellos con los que se cruzan. Si prestamos atención, que no suele ser el caso, al fin y al cabo solo es un gato, nos daremos cuenta de que sabe elegir sus compañías mucho mejor que nosotros y cuando tenemos invitados eso se manifiesta claramente a nuestra gran sorpresa.

Los gatos son sabios y su sabiduría reside en su sexto sentido. Nosotros somos meros aprendices a quien una vida no será suficiente para alcanzar un estado similar.

El alma es parte de la esencia humana. Eso se dice y quiero pensar que nuestros compañeros de viaje, gatos, perros y otros, son parte de ella porque el amor que nos dan es un bagaje más valioso que todo el oro del mundo aunque soy consciente que muchos elegirían el oro.

Pero yo no puedo y se me parte el corazón cuando veo que uno de mis compañeros ha emprendido el camino de su fin, Porque me gustaría decirle lo importante que es para mí. Porque me gustaría estar más y mejor a su lado para devolverle solo un poquito de lo tanto que él me ha dado.

Unos dirán “pero si solo es un gato” y yo les contestaré, no, es mi compañero de vida y tiene un lugar en ella que nadie más puede ni podrá ocupar.

Quiero que mi alma sea el albergue de todos aquellos que quiero todos sin distinción de género por lo que mi alma es también, en parte, un alma animal.

Dedicado a Smoothy, nuestro gatito, 18 años juntos y que nos dejó este lunes.

E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. (Génesis 1:25)

Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas; 3 pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. 4 Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. 5 Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6 Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. (Isaías 12:1-6)

6 Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. 7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. (Isaías 11:6-7)


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miércoles, 11 de julio de 2018

NADA


Para el hombre la nada siempre ha sido algo o sino ¿por qué decimos nada menos o nada más? (Anónimo) 


Es muy difícil visualizar la nada porque nuestra mente siempre busca llenar el vacío al que nos enfrentamos. Es como si la presencia de la ausencia, y/o la ausencia de la presencia, nos fueran imposibles concebir.

Somos materia por lo que existimos, la filosofía nos invita a reflexionar sobre el porqué de la vida, sobre sus prolegómenos y su finalidad pero ¿y nuestro propósito? ¿Es suficiente mirarnos a nosotros mismos como la justificación de nuestra existencia o bien buscar el camino que nos lleve a descubrir el pasaje angosto que nos lleva a nuestra esencia?

Muchos han definido la muerte como el reino de la nada pero nadie ha podido testificar de él por lo que científicamente no existe o más bien queda por demostrar. Pero por qué buscar conceptos finitos en situaciones que superan nuestro entendimiento. No saber lo que hay no implica que esté colmado de nada. Es más, muchos también han recogido este concepto para decir que la muerte solo es un estado de paso que nos lleva a la reencarnación. Pero todos estos intentos solo pretenden rellenar, justificar el vacío de la nada que intuyen es la muerte.

Todo esto podríamos atrevernos a decir que se entiende porque para el hombre de la nada no sale nada. Y es verdad, pero entonces deberíamos completar esta declaración añadiendo que si bien es así para el ser humano, para Dios, de la nada hizo la creación.

Nuestras mentes son muy reacias a aceptar aquello que no podemos entender y menos comprender. Nuestro ego clama un derecho que no puede asumir porque no hay mente preparada para integrar lo infinito, la eternidad. Porque somos limitados por el mero hecho de existir y no ser.

Dios en su infinita sabiduría nos dio, nos da, y nos dará siempre una opción para que podamos convivir con aquello que nuestra mente no puede integrar, y se llama: fe.

La fe es la única respuesta a la nada, lo único que puede llenar su vacío. No es casualidad que nuestra salvación dependa más de ella que de nuestras obras porque si bien no está a nuestro alcance hacer que el balance de nuestra vida sea bueno sí depende de nosotros que elijamos con humildad y obediencia aceptar a Dios en nuestras vidas mediante Jesús como nuestro Señor y Salvador. Por ello Jesús, antes de su ascensión a los cielos nos hizo un precioso regalo fuente de salvación: el Espíritu Santo. El obrador de fe en nuestros corazones, el que debemos alimentar, escuchar, obedecer y nunca apartar de nuestro camino para que la nada nunca pueda apoderarse de nuestro presente y menos de nuestro futuro.

1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. (Génesis 1:1-3)

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26)

1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:1-3)


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viernes, 6 de julio de 2018

LA MUERTE

La muerte es la solución a todos los problemas. Sin gente no hay problema (Joseph Stalin)

Con esto Stalin pensaba solucionar el problema y de hecho su vida la plagó de muerte pero se olvidó lo más importante, ¿qué hacer para arreglar su solución? Porque la muerte nunca es una solución, tan solo el reconocimiento de nuestra incapacidad a encontrar una. Y me pregunto yo, si realmente pensaba lo que decía, ¿por qué no se lo aplico a sí mismo en el momento que lo pensó? Con toda seguridad hubiera evitado muchas muertes.

Cuando prestamos atención al mundo en el que vivimos nos damos cuenta de que una vida vale mucho menos que nuestras posesiones que, por ellas, más de uno mataría y de hecho más de uno lo hace.

También vemos que los hombres son capaces de morir por unos ideales prefabricados. Llamémoslos, política, patria, poder, ambición pero todavía más fácilmente matar por ellos haciendo del amor un rehén de sus propias codicias.

Algunos se complacen provocando la muerte como si fuera una compañera de fiesta a la que necesitamos para vivir. Están tan ciegos en su afán que se olvidan de que la muerte sin Jesús no tiene futuro, es su verdugo y solo golpea una vez.

Otros temen tanto a la muerte que acaba siendo la protagonista de sus vidas. Hipocondríacos, pesimistas, catastrofistas. Son la ilustración perfecta de la sabiduría popular (sí también la hay) que dice que “el miedo no evita el peligro”, es más en su extremo lo suele provocar.

Entonces ¿qué decir de la muerte que no se haya dicho ya? Es difícil encontrar alguna originalidad en la materia.

Obviedades como “cada día que pasa nos acerca más a nuestro último momento” son la ilustración perfecta de aquello que se dice cuando el árbol amaga el bosque y no somos conscientes de ello. Porque si bien la muerte es una cita ineludible, tendríamos que concienciarnos, y obrar en consecuencia, pensando que aquello que no podemos evitar sí lo podemos aprovechar para bien.

El ejemplo perfecto, una vez más, es Jesús quien no buscó su muerte pero la aceptó, usándola para nuestra salvación, para el perdón de nuestros pecados, para ofrecernos la vida eterna. Otra paradoja, enseñanza divina: la muerte da vida.

Nosotros nos somos Jesús pero sí lo aceptamos en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestro espíritu como nuestro Señor y salvador, si transformamos el propósito de nuestra vida para que este sea seguir los pasos de Jesús, entonces, y solo entonces, la muerte dejará de ser una enemiga espantosa. No hay que desearla pero sí aceptarla cuando nos llegue porque sabemos que es el requisito imprescindible, como lo hizo Jesús, para acercarnos a nuestro Padre celestial y vivir a su amparo para toda la eternidad.

Quiere decir eso que no temo a la muerte, me atrevería a decir que no la temo. No significa eso que no tema el dolor que puede provocarla, sin comparación seguro con el que padeció Jesús en la cruz. Claro que tengo miedo al sufrimiento, que siendo un momento crucial en el que dejaré de existir, para pasar a ser al amparo de Jesús, me impone respeto, temor. Pero para ello está la gran promesa de Jesús cuando dice:” Yo soy la resurrección y la vida”.

La Biblia nos explica que la fe mueve montañas y todos (eso creo) siempre hemos pensado que es una declaración metafórica que nos incita a tener fe más allá de aquello que somos capaces de ver, y así es. Pero en mi opinión tiene un sentido literal mucho más primordial que la mera alegoría, porque si consideramos nuestra condición humana cargada por el pecado, su peso que domina con creces todo lo bueno que podamos haber obrado. Si consideramos toda esta carga veremos enseguida que es una montaña que nos tapa cualquier horizonte posible de esperanza. Pero si nuestra fe está depositada en Jesús y que día tras día la trabajamos, la reforzamos, la consolidamos. Si aceptamos nuestras dudas, no como un ataque de nuestra fe sino como un paso necesario, fruto de nuestra condición, para albergar el Espíritu Santo en nuestro corazón y dejar que alimente nuestra fe. Entonces, y solo entonces veremos desplazarse esa montaña infranqueable y apartarse de nosotros para que sigamos la senda de Jesús y entenderemos que la fe SÍ mueve montañas.

Pero por ahora no queda vivir nuestra vida aprovechando cualquier oportunidad para testificar de Jesús y de nuestro amor incondicional hacia nuestro creador. Hasta el día de nuestra muerte, hasta la vida eterna.

25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25-26)
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