LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

miércoles, 23 de diciembre de 2020

DE FIESTAS

Este año es la excepción que confirma la regla cuando debería ser la regla quién confirme la excepción. (Anónimo) 


Todo el mundo está resaltando que este año no vamos a poder celebrar las fiestas de navidad como cada año por culpa del virus. Nada de reuniones familiares y menos de amigos. Se oye hablar más de las burbujas de convivencia que de las del cava o champán.

Se nota la frustración creciente entre las personas por no poder celebrar juntos la navidad. Y eso hace que la tristeza invada tanto a mayores como a niños.

Y yo me pregunto ¿Qué es lo que celebramos que tanto vamos a echar de menos? ¿Los regalos, las comilonas, las reuniones familiares?

¿Es eso la Navidad? Para este mundo sí.

Y ahí es dónde me doy cuenta que no soy de este mundo si bien vivo en él.

La Navidad, sería más correcto, a mi entender, decir la Natividad, es un momento crucial para el mundo, y este le da la espalda, ignorando su esencia y desplazándola a un mero acto de festividad pagana donde los regalos de unos a otros es lo más importante.

La Natividad es el regalo más precioso, más importante, más necesario para la humanidad porque es un regalo divino. Y no importa que haya sido el 25 de diciembre o en cualquier otra fecha, en Belén o en Nazaret o en cualquier otro lugar. Lo primordial es que Dios se hizo hombre y sacrifico su hijo unigénito para salvarnos. Eso es lo importante de la Natividad.

El hecho de la pandemia, y del virus, no afecta para nada la Natividad. Es más, nos da la oportunidad de reconducir el propósito de esta fecha para que nos podamos centrar todos en lo que realmente importa. La llegada de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en este mundo.

Esta noche tan preciosa que lo vio nacer no será, en la mayoría de los casos, paganizada por los regalos, ni las fiestas y jolgorios, no. Muchos estaremos solitarios en nuestras casas, que no solos porque Dios estará con nosotros para celebrar el nacimiento de su hijo Jesús, y podremos dedicarle toda nuestra atención y nuestra gratitud. Nuestros hogares se transformarán en lugares de culto al Señor. De fiesta cristiana que celebra la llegada del Salvador.

Este año tenemos la oportunidad de olvidarnos de lo fútil para concentrarnos en lo esencial, De ser hijos de Dios en lugar de hijos del mundo. La sabiduría popular dice: “no hay mal que por bien no venga”. Este es el ejemplo perfecto que nos brinda esta pandemia.

Pasaremos de ir de fiestas a estar de celebración, porque sin Jesús somos como las piedras, inertes e inútiles de por sí.

La Natividad es el evento más importante que la humanidad puede y debe celebrar, pero no ofreciendo regalos a los demás, sino aceptando el regalo divino de Dios para sus hijos, el nacimiento de nuestro Señor y Salvador. Amén.

30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. 31 Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. 32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; 33 y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (1 Lucas: 30-33)

Que Dios os bendiga, Alfons <><



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miércoles, 16 de diciembre de 2020

CUESTIONAR

En la fe no hay cuestión sin resolver, más sí cuestiones sin responder que no cuestiones sin respuesta. (Anónimo) 


Maestro y alumno paseaban por el jardín de la curiosidad cuando el alumno preguntó:

- Maestro ¿Por qué Dios permite que sucedan tantas atrocidades en este mundo?

- ¿Las perpetra Él?

- No, pero las permite y tiene toda potestad para evitarlo

- Tú lo has dicho joven y sí así es ¿Por qué crees que las permite?

- No lo sé Maestro pero me gustaría saberlo

- Al crio enrabietado, porque su padre no le deja jugar con fuego, también le gustaría saberlo. Pero crees que si su padre le explica que si lo deja jugar con fuego, lo más seguro es que incendie la casa y destruya propiedad y tal vez vidas, incluso la suya lo comprenderá. ¿Tú crees que un niño de 5 años entenderá esta explicación?

- Hombre Maestro, claro que no.

- Entonces ¿Por qué cuestiona el niño la autoridad de su padre?

- No sé, igual porque es curioso, o porque esta enrabietado porque no le dan lo que quiere.

- ¿No crees más bien que es porque su padre no le da lo que quiere, su deseo?

- Seguramente Maestro.

- Joven todos nosotros somos ese niño de cinco años que juega constantemente con fuego. El fuego ardiente del pecado, y nuestras vidas testifican de todos los incendios que hemos provocado y padecido. Tenemos incluso menos entendimiento que esa criatura a la hora de poder interpretar las intenciones de Dios. Cuanto más de cuestionarlas.

- Te imaginas a ese niño entablar una conversación sensata con su padre para intentar convencerlo de que tiene razón.

- No Maestro, sería absurdo

- Y no es todavía más absurdo cuando nosotros lo hacemos con Dios cuestionándolo cuando no lo entendemos.

- Porque no él no es consciente, Maestro

- Pero nosotros sí lo somos. Tenemos un entendimiento finito y limitado pero una consciencia plena, enriquecida a través del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios.

- ¿Entonces no hay respuesta a mi pregunta inicial?

- La hay, joven, la hay. Pero no la que nos gustaría que fuere, aquella que podríamos entender y comprender. No está a nuestro alcance.

- ¿Por qué Maestro?

- Porque los designios de Dios son inescrutables. Si bien todos obran para bien, nuestra inmadurez espiritual nos impide verlos, entenderlos de la misma forma que cuando Jesús decía según qué era incomprensible para los demás que lo seguían hasta que Él quisiese que se corriere el velo de su ceguera espiritual, o no.

- ¿Entonces no es buenos cuestionarse estas situaciones tan dolorosas Maestro?

- Es lícito y legitimo pero siendo conscientes y teniendo la suficiente humildad para aceptar que el vaso de barro que somos no puede cuestionar a su Alfarero. Eso nos hará entender que los propósitos de Dios no son de nuestro alcance pero sí para nuestro bien.

- Entonces si alguien nos pregunta sobre esta cuestión, ¿Qué podemos responder?

- Sé que la juventud siempre busca explicaciones, incluso cuando no las hay por parte nuestra. De sabio es contestar que no sabemos el por qué pero sí el para qué.

- Ah sí Maestro y ¿cuál es ese para qué?

- Es todavía más retador. Para que se manifieste la gloria de Dios. Y esta pasa por aceptar nuestra incapacidad de entendimiento.

- Eso es muy difícil, Maestro. Ver tanto dolor y no tener respuesta.

- Joven, de eso trata la fe, de “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. La fe nos alimenta de esperanza en las promesas de Jesús. Nos invita a confiar nuestras almas y nuestras mentes a aquel que dio su vida por nuestra salvación. Te haré una pregunta sencilla joven: ¿dónde crees que estarás mejor, en esta tierra o en presencia de Jesús en el Edén?

- En el Edén Maestro, sin duda alguna.

- Entonces si de verdad creemos en ello ¿no están mejor ahora todos aquellos que Dios ha llamado a su presencia, ya sea en acontecimientos extraordinarios, como naturales?

- Lo entiendo Maestro pero los que nos quedamos en este mundo sufrimos por la pérdida de nuestros seres queridos.

- Yo te invito a que te alegres por ellos porque como cristiano es la promesa de Jesús, que compartiremos con Él, una vida eterna y eso, en este mundo, es imposible. Joven, sé que es difícil aceptar aquello que no entendemos, también lo es para mí pero mí fe supera con creces la barrera de mis dudas y me lleva a abrazar la promesa de Jesús con fervor. Aquellos que rechazan a Jesús nunca entenderán nuestra fe y se quedarán encallados pretendiendo querer tutearlo, a Él o al Padre, exigiendo explicaciones como un niño de 5 años. Nada nuevo bajo el sol. Cuando pienso en aquellos que han sido arrebatados de este mundo, me los imagino ahora con Jesús y mi corazón se alegra.

- Ahora lo he pillado Maestro, no va de preguntar sino de saber aceptar que no somos capaces ni dignos de preguntar, ni de entender las respuestas a estas preguntas en este mundo.

- Tú lo has dicho, joven. Tú lo has dicho. Busquemos la inocencia que todavía pueda quedar en nosotros para evitar que brote la soberbia de la que rebosamos.

Y ambos continuaron su paseo con un silencio que invitaba a la reflexión.

18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. 19 Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? 20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria. (Romanos 9:18-23)

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)

Que Dios os bendiga, Alfons <><



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sábado, 12 de diciembre de 2020

DAR

Dar no es un acto de bondad si no hay bondad en el acto. (Anónimo) 


Cada vez que me cruzo con una persona que pide actúo como juez, condenando o agraciando a quién me interpela.

Más de una vez he pasado de largo considerando que, o era un profesional de pedir, o apestaba a alcohol y por lo tanto no se merecía “mi bondad”.

En algunos casos he vuelto sobre mis pasos y he reconsiderado mi juicio, he dado una(s) monedas.

Este tema de dar, y más ahora en época de pandemia, de navidades, siempre ha sido un reto para mí. Una dicotomía enfrentada entre sí, y conmigo. Porque siempre me he preguntado si hacía bien o mal en dar a tal sí y a tal otro no.

Pasé un periodo en el que decidí no dar más a nadie. “A mí no se me engaña” pensé. Pero duró poco, aunque siempre es demasiado. Reconsideré mi actitud que estaba a las antípodas de la caridad.

A partir de ese momento empecé mi cruzada inquisitoria de quién sí y quién no.

El otro día, leyendo la Biblia topé con Lucas 6:30. ¿Por qué este versículo me preguntaréis y no Mateo 5:42?

No lo sé, el milagro de la palabra obra en mí cuando Dios así lo considera, no yo. Y esta vez, como tantas otras que me ha pasado, este mismo versículo que he leído repetidamente ha cobrado sentido en mi mente. El Espíritu Santo me ha abierto la casilla del entendimiento y aquello que me era invisible en el pasado se me ha revelado como una Verdad divina.

Y es que Jesús no dice dale a quién tu consideres, no, dice “a cualquiera que te pida”, a cualquiera, es decir que no hay escapatoria interpretativa. No hay opción de ser yo quien decida.

Incide en su mandamiento desarmando cualquier excusa que podríamos objetar y lo plasma diciéndonos incluso: “y al que tome lo que es tuyo no pidas que te lo devuelva”.

Eso me recuerda que yo, como todo ser humano, soy prácticamente incapaz de amar con la pureza que exige el camino de santidad. ¿Quién no da esperando algo a cambio? ¿Quién perdona el deudor y la deuda cuando nos arrebatan lo nuestro? Dar y perdonar son actos de amor, no de trueque. La bondad está en el amor con el que actuamos con los demás y eso es lo que nos pide Jesús, que amemos a los demás como a nosotros mismos. Somos muy prestos en hacer lo segundo y olvidadizos en cumplir lo primero.

Cuando entendí Lucas me sentí retratado. Culpable de soberbia porque quién soy yo para decidir que tal persona o tal otra se merece mi caridad, que como tal no la es.

Cuando entendí Lucas me sentí avergonzado. Porque yo, que pretendo encaminar las sendas de santidad, soy incapaz de un mínimo acto de amor con aquellos que más lo necesitan o que más lo piden. Da igual cual sea su motivación, ¿Quién soy yo para juzgar?

Cuantas veces le he negado a Jesús un óbolo que después me he gastado en futilidades.

Se dice de los cristianos que hemos creado el sentido de culpa, y no sé si así es, o no. Pero lo que sí sé, y con toda seguridad, es que culpables, a cada cual su parte, pero inocentes NINGUNO en este mundo, ninguno hay.

Nuestro amor debe de ser para cualquiera y en cualquier situación. No hay excusa que no sea de mal pagador porque si Dios y Jesús nos aman sin condiciones, ¿por qué somos nosotros incapaces de obrar de la misma manera?

Nunca más podré mirar a los necesitados como aquellos que piden sino como aquellos a quien debo dar, sin acepción de persona, y con todo mi amor.

30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. (Lucas 6:30)

Que Dios os bendiga, Alfons <><

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martes, 17 de noviembre de 2020

DE POLÍTICA

Hay quien hace de la política una religión pagana, aquellos mismos que utilizan la religión con fines políticos. (Anónimo) 


La política es una actividad, la vida espiritual, un compromiso de vida. Cuando pretendemos mezclar las dos cosas y/o las confundimos, estamos deshonrando a Dios.

Hemos visto, y seguiremos viendo, movimientos religiosos que apoyan opciones políticas y eso pervierte la esencia de la vida cristiana.

Miremos las escrituras en épocas de Jesús, cuando vemos hombres que intentan actuar sobre la masa para poder gobernarlos (yo diría manipularlos) o eran fariseos, o eran la élite tanto judía, como romana o gentiles. Jesús les asustaba porque representaba, según ellos, un peligro para su liderazgo. Necio de ellos, podríamos pensar los cristianos de hoy y tendríamos razón.

¿Pero qué hacemos nosotros cuando utilizamos, o somos parte de comunidades supuestamente cristianas para apoyar a tal tendencia política o tal otra?

Y digo supuestamente porque si fuéramos verdaderos hijos de Dios no mezclaríamos a nuestro Señor con lo peor de la condición humana, su condición pecaminosa de deseo de poder. Esta misma que se expresa a través de la política religiosa. Que nació con el pecado original.

No podemos denigrar a Dios haciéndolo sujeto de nuestros abanderamientos políticos. Es pecado. Somos ciudadanos y como tales debemos cumplir nuestro deber cívico y votar para la opción, el partido, que consideramos mejor representa nuestros valores. Pero esto no tiene nada que ver con Dios, con nuestra vida espiritual y si lo confundimos estamos errando.

Jesús quería enseñarnos el camino de la vida eterna, que siguiéramos sus enseñanzas, no que le votáramos. No quería ser elegido por los hombres porque era, es y será, por los siglos de los siglos, el Elegido de Dios.

Hoy vemos comunidades cristianas que están en tensión por tener opiniones políticas contrarias en su seno. Y yo me pregunto ¿Dónde está Jesús en todo esto? ¿Dónde está el amor al prójimo que Él nos enseña e invita a propagar?

El deseo de dominar los hombres es propio del hombre y cuando viene de personas como Herodes, Poncio Pilato, etc… como cristianos nos horroriza pero cuando nosotros mismos intentamos utilizar a Dios con fines políticos actuamos como ellos.

¿Quién somos para decidir de qué lado está Dios? Porque lo dice un predicador, un telepredicador o más bien dicho un telepecador.

Debo decir que cada vez me cuesta más votar porque con el paso del tiempo, y supongo la edad, veo el lado oscuro de la humanidad a la que pertenezco, ese deseo, esa ansia de poder que hace que servir a los demás haya cedido el paso a servirse a sí mismo. Todo lo contrario de lo que nos enseña Jesús.

En las familias ya no se habla de política porque es un tema que exacerba las pasiones. Solo hace falta ver en las calles los comportamientos y las manifestaciones para asustarse de ello.

Como cristiano me siento entristecido por tales conductas pero si además se perpetran en nombre Dios me siento avergonzado y le pido a Dios que los perdone porque no saben lo que hacen, lo que dicen.

Hablar de política no es políticamente correcto en estos tiempos pero creo que los cristianos tenemos un deber de ejemplaridad que cumplir. Amar los demás más allá e independientemente de sus opiniones políticas, como Jesús nos ama.

Tenemos una gran noticia para el mundo: Jesús no es de ningún partido, es Señor y Salvador de la humanidad aunque esta se empeñe en rechazarlo constantemente.

Como hijos de Dios debemos seguir su ejemplo y ser hombres de paz, de concordia, con amor ágape. Debemos ser siervos y no pretender querer ser señores, humildes y no intentar ser lideres ostentosos.

Ser líder no puede ser un objetivo, solo la consecuencia de nuestro comportamiento. No es un título, solo una forma de trato por parte de los demás. Y cuando esto sucede, el buen líder es aquel que sirve, primero a Dios, luego a los demás, con humildad y sencillez y no lo contrario.

Siempre me ha chocado cuando los hombres llamamos líderes espirituales a otros hombres. ¿Es qué no hemos aprendido nada? Solo ha existido un líder espiritual en este mundo y fue Jesús, los demás solo son ídolos con pies barro. Nada nuevo bajo el sol.

“El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.” Mateo 23:11

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Marcos 10:45

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sábado, 14 de noviembre de 2020

SOPORTAR LA TENTACIÓN

La tentación es como un imán, atractiva y repulsiva a la vez. Solo depende de los polos que se enfrenten. (Anónimo) 


Se dice caer en la tentación, algunos dirían tropezar en la tentación mientras otros intentan soportar la tentación. Como si cuando le cedemos, o no, hubiera un cambio de estado, y así es.

Sin tinieblas la luz no sería visible. Sin el mal, ningún ser humano se percataría de las bondades del bien. Para los hombres las cosas existen, o cobran su importancia cuando se enfrentan a su contrario. Cuando se contrastan.

Pero no siempre eso es bueno, por ejemplo de tanto vivir en tinieblas podemos acabar teniendo un corazón tan negro como ellas. O de tanto querer estar en plena luz podemos acabar cegándonos.

La vida de una persona se puede valorar en función de sus éxitos y eso es lo que suele hacer el mundo. Pero los sabios saben que los éxitos solo son la parte visible del iceberg de nuestras vidas, la parte importante son nuestras pruebas, nuestras tentaciones y las marcas que dejan en nuestras vidas. Estas suelen estar debajo de la línea de flotación.

Nietsche dijo:”lo que no te mata te hace más fuerte”. Eso solo es verdad cuando somos capaces de superar las pruebas con éxito. De lo contrario yo diría que lo que no te mata te prepara para el remate final.

Un hombre se define, no por sus éxitos, sino por cómo ha soportado y vencido sus fracasos. La sabiduría consiste en ser consciente de que nuestra fortaleza no depende de nuestra capacidad de resistencia, porque, solos, nunca seremos capaces de resistir como lo hizo Jesús. Somos presa fácil para el maligno. Solo de la mano de Jesús podemos soportar la tentación. Aquel que cree que puede hacerlo solo ya calló en pecado de soberbia.

Y qué mejor de gozar del privilegio de tener como baluarte el único hombre que le plantó cara y venció al diablo, Jesús. Dios hecho hombre para remisión de nuestros pecados. Su lucha en el desierto contra la tentación es ejemplar en lo inhumano que es pretender estar a la altura del mal. Las fuerzas del mal son poderes que nos superan con creces y debemos ser conscientes que no somos oponentes de talla, somos la presa codiciada por la perversidad del maligno. Pero eso solo es si no nos confiamos a Jesús porque si nos entregamos a Él y le buscamos en nuestros momentos de desamparo, de tentación, Él siempre nos dará la mano y nos protegerá de todo mal, porque Él ya venció el maligno.

La diferencia entre un cristiano y un no creyente se pone de manifiesto en las pruebas porque allí donde el primero busca a Jesús el segundo busca su solución y eso es baladí.

Nuestra fuerza reside en ser capaces de reconocer nuestras debilidades y no de enmascararlas detrás del orgullo o de la vanidad pero eso es como pedirle lo imposible a un hombre de este mundo. Nada nuevo bajo el sol.

5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, m y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. (Mateo 4:5-7)

Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir. (1 Corintios 10:13)


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miércoles, 11 de noviembre de 2020

DERECHOS DEL SER HUMANO

Sin deberes cumplidos no puede haber derechos adquiridos, por mucho que nos empeñemos en demostrar lo contrario. (Anónimo) 


Bob Marley decía todo hombre tiene derecho a decidir su destino pero la pregunta es ¿Qué deberes debemos cumplir para tener tal derecho?

Hoy en día todo el mundo se llena la boca de los sacrosantos derechos que cada cual debe tener. En 1789, la revolución francesa llevó el pueblo, y sus dirigentes, a proclamar la “Declaración de los derechos humanos” que más tarde fueron recogidos por la ONU, en 1948. como “La declaración universal de los derechos humanos”. Fue una reacción a la esclavitud del pueblo, entre otras cosas, tanto física como política o mental.

Y estos que han sido pasos claves en la evolución de la sociedad hacia una forma más justa, más equilibrada, cuando todo nos llevaba al imperio del totalitarismo del más fuerte, ahora no solo no son suficientes sino que aquello que era una virtud, en las sociedades avanzadas, pasa a ser una fuente de perversidad.

Las cosas han cambiado, y cuando estamos acomodados en nuestra sociedad moderna solo pensamos en derechos, obviando que solo deberían ser una consecuencia de nuestros deberes bien cumplidos y no lo contrario.

Hoy en día, los derechos son un freno, que digo, una barrera infranqueable para un progreso profundo de la humanidad.

¿Por qué?

Sencillamente porque hemos pervertido la esencia del concepto de derechos que siempre tiene, o debería tener, una premisa obligada que es: qué deberes tengo que cumplir para disfrutar de estos derechos.

Cojamos un ejemplo muy de moda en la sociedad actual. Mi libertad. La primera pregunta que debería plantearse a una persona con un mínimo de cordura es, dónde empieza y dónde acaba, porque no se puede confundir con “hago lo que quiero y cuando quiero”. Por ello el primer deber de aquel que quiere disfrutar de su libertad es ser consciente que, como decía Jean Paul Sartre: “mi libertad se termina donde empieza la de los demás”. Eso ya cambia la perspectiva e invita a ser tolerante, paciente, respetuoso. Todos ellos atributos que no dejan de ser nuestros deberes cívicos para una buena convivencia.

¿Qué pasa hoy en día? Pues que la libertad que la mayoría de la sociedad pretende y pregona está sustentada en la ausencia de deberes. Se consideran obligaciones que menguan nuestro espacio libertario. Nada puede obstruir nuestras aspiraciones de independencia frente a los demás, frente a nuestra educación o incluso a nuestra forma de ver la vida.

Claro que los cristianos somos diferentes. Visto por el resto de la sociedad somos un peligro acuciante para la sacrosanta libertad. Somos esclavos, siervos. Tenemos un Amo y Señor. Y eso es blasfemia para los libertarios.

Cuando pienso en mi condición veo que soy más esclavo del pecado que de quien debería de serlo que es Dios. La condición de esclavo implica una privación de libertad en la sociedad, en la vida espiritual de los cristianos implica una dependencia total de nuestro Señor y Creador. Los matices son importantes porque donde la sociedad y el mundo se fundamentan en su propia idiosincrasia humana nosotros nos entregamos a la Divinidad infinita de nuestro Señor, y Salvador Jesucristo. Son caminos opuestos que conllevan sus propias obligaciones.

La sociedad nos exige toda una serie de reglas que acaban por regir tanto nuestro comportamiento como nuestra forma de pensar. Somos nuestros propios jueces, acusadores y redentores. Son los deberes del mundo pero no se sustentan en el amor de Dios, no, se fundamentan en las leyes humanas y son tan defectuosas como lo es ser humano y su condición pecaminosa.

Dios nos exige amor, hacia Él, hacia los demás y hacia nosotros mismos. Nuestros deberes están claramente especificados en la Biblia y negarlos es negar nuestra esencia cristiana. Sabemos que no hay salvación que no implique deberes. Porque si bien somos salvados por la Gracia de Dios, lo somos mediante la fe para buenas obras. Y nuestra obligación es cumplir las enseñanzas de Jesús, nuestro Maestro, nuestro Señor y Salvador.

Los deberes del cristiano nunca serán cumplidos íntegramente, somos humanos y nuestra condición es pecaminosa, por ello está la Gracia de Dios. Pero esto no nos exime de nuestras obligaciones porque el buen cristiano no es aquel que cumple a la perfección sus deberes sino aquel que es consciente de que no los cumplirá pero que se esfuerza todo lo que puede para acercarse a Jesús.

La buena noticia es que la purificación la conseguiremos, y premiará todos nuestros esfuerzos, pero no en la tierra sino en los cielos, lavados por la sangre de Jesús.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. (Mateo 9:23)

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lunes, 26 de octubre de 2020

CREER

Creer lo que uno es o ser lo que uno cree, esta es la verdadera cuestión. (Anónimo) 


Maestro y alumno paseaban por los jardines de la curiosidad cuando el alumno preguntó.

- Maestro ¿Por qué creemos, o por qué no?

- Porque tenemos libre albedrío y podemos elegir en qué o quién confiar y en qué o quién no.

- Entonces según Usted, Maestro, creer es una cuestión de confianza.

- Tienes razón, es mi humilde opinión, pero no es confianza en aquello o aquellos en quién hemos decidido depositarla sino en uno mismo. Es un compromiso que adquirimos con nuestra verdad, confiando que este lo más cerca posible de la Verdad.

- ¿Qué quiere decir, que creer depende de nosotros y no de los hechos o de las personas?

- Las creencias siempre tienen sus contestatarios, y no siempre son lo contrario. Pueden ser interpretaciones diferentes o incluso negaciones. Esto vale tanto para los hechos como para las personas. Por ejemplo tenemos las Sagradas Escrituras y Jesús, para nosotros los cristianos son la piedra angular de nuestra fe. Para los ateos son una broma solo dirigida a personas maleables. Y para los agnósticos un tema que no le compite al ser humano por incompetente en la materia y que prefieren evitar considerando un posicionamiento como un error que nos incapacita. Para algunos la Biblia es una novela con tintes gores y para nosotros, los hijos de Dios es su Santa Palabra. Unos cuestionan o denigran su procedencia y otros agradecemos a Dios cada día por el legado de su Palabra.

- ¿Entonces creer no tiene nada que ver con nuestra inteligencia ni con nuestra capacidad de comprender las cosas?

- Tú lo has dicho joven, la fe, que mueve montañas, no nos exige ser el primero de la clase, todo lo contrario requiere la humildad de un corazón manso ante nuestro Señor. No hace falta ser una persona culta ni brillante, eso no impresiona a Jesús lo más mínimo. Por lo contrario un corazón genuino e inocente, que a menudo es considerado débil y simple por este mundo, es honra y gozo para nuestro Señor.

- Pero entonces, Maestro, ¿Qué es lo que hace que decidamos creer o no creer en Jesús? ¿Por qué creo yo y no mi hermano, que es de misma cuna y de semblante educación?

- Es el misterio de los hijos de Dios, no todo nos es dado a entender, a veces solo a aceptar o rechazar. Todos los creyentes vivimos en nuestras carnes situaciones parecidas. Personas por las que oramos pero que no se acercan ni por asomo a Jesús. Es la demonstración de que nuestras limitaciones son superiores a nuestras aptitudes. También es verdad que cuando veo qué utilidad les damos a nuestras aptitudes, mejor que sea así. Debemos aceptar nuestras limitaciones y confiar, o dicho de otra forma, creer en nuestro Señor y Salvador. Nosotros no sabemos ni entendemos por qué ellos no, pero Jesús sí.

- ¿Entonces aquellos que no creen en Dios son todos desconfiados?

- En cierta forma sí pero sobre todo son personas sin rumbo ni dirección, aunque crean lo contrario, porque solo la fe en Dios es motor de confianza y marca el rumbo a seguir. La fe en los hombres es garantía de perdición. En momentos como los que estamos viviendo con el corona virus vemos que el mundo necesita de muy poco para volverse caótico, egoísta, incívico, cruel. Perdemos nuestras sacrosantas referencias de bienestar y de seguridad y todo se vuelve inestable. ¿Qué observamos? Que los malos comportamientos superan, y con creces, aquellos que son respetuosos con las normas que nos hemos impuesto. Si todos fuéramos obedientes y considerados, este virus estaría controlado. Pero el ser humano es todo lo contrario de por sí. Nada nuevo bajo el sol.

- Algunos pueden decir que esto es obra de Dios y poner cuestión sus buenas intenciones, Maestro.

- Ponernos al mismo nivel que Dios e intentar cuestionarlo es como si una gota negra de agua pretendiera tintar de negro el océano. A parte de ser irreverente es pura necedad porque ¿Cómo puede atreverse una mente finita retar a la infinidad de Dios, al creador y la esencia de todo, cómo?

- Entiendo, Maestro, los seres humanos somos muy poco temerosos de Dios y nuestra soberbia nos domina fácilmente.

- Tienes razón, joven nos domina sobre todo cuando somos incapaces de enfrentarnos a nuestros retos con los ojos puestos en Jesús. Solo así demostraremos que creemos en Él, que confiamos en Él.

- Gracias Maestro

Y ambos continuaron su paseo gasta el atardecer.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. (Mateo 9:23)

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