LA CREACIÓN

LA CREACIÓN
DIOS CREA, EL HOMBRE TRANSFORMA

martes, 14 de diciembre de 2021

SERVIR

El que sirve, sirve. El que no, se sirve. (Anónimo)


Servir implica dependencia, por ello es importante saber y/o decidir a quién rendimos pleitesía. El egocentrismo innato del hombre hace que servirse sea la respuesta natural a nuestros deseos altruistas incipientes.

Cuando se habla de servir, lo primero que viene a la mente de cualquier persona del mundo es, el camarero, el botones y como mucho, el panadero, el charcutero, el carnicero, etc., etc. Y si somos de la alta sociedad, el maître, el valet, la miñona y otros empleados dichos del servicio.

Por otra parte, lo que sirve, solo lo hace por su utilidad y adecuación a la situación o necesidad.

Podríamos pues decir que un buen profesional es aquel que sirve para su oficio.

¿Pero qué significa servir para el oficio? En mi forma de entenderlo se refiere no solo a nuestras aptitudes sino a como las dispensamos. Porque podría darse de alguien dotado que renuncia a ejercer su don para servir a los demás, y que por ello malgasta ese precioso regalo que le ha hecho Dios. Peor todavía, de alguien que lo usa para su propio beneficio.

Los incrédulos nos objetarán que Dios no tiene nada que ver con esto. Pero entonces ¿cómo justifican los dones? Porque si, como lo define la RAE es “una Gracia especial”, solo de Dios puede ser.

Jesús fue el paradigma perfecto de cómo servir, aplicando y enseñando las paradojas como clave de paso para un ministerio perfecto.

En temas de servir, no hay nada más difícil que aquello que parece fácil.

Porque renunciar a nuestro ego nos obliga a aceptar que nuestro “yo” solo existe a través de los demás.

Porque nuestro bien estar depende del bien estar y de cómo tratamos a los demás.

Porque el amor que deseamos recibir nos es posible, si no lo ofrecemos primero, e incondicionalmente, a los demás.

Porque nada es, si nade vale, y servir a Jesús es, ante todo, obrar con la ofrenda de nuestra vida al servicio de nuestro semejante, sin acepciones ni excepciones.

A pesar de lo que uno podría pensar hay más ejemplos de vidas entregadas al servicio de los demás de lo que uno podría pensar y si bien mediáticamente Sor Teresa de Calcuta es un ejemplo ilustre, también hay otros menos conocidos como Vicente Ferrer, Ignacio Echeverría, Gaetano Nicosia, Henri Burin des Roziers, y todos los misioneros que fluyen y destilan amor en un mundo que solo busca servirse de los demás.

La buena noticia es que estamos todos llamados a servir, todos. En nuestro entorno, en nuestras comunidades.

Para ser un héroe no hace falta ser reconocido, es más, la discreción y la humildad son buenas compañeras de viaje de aquel que emprende la senda del amor ágape.

El peligro y la dificultad erradican en que la línea entre servir y servirse es muy sibilina y nuestro ego, a menudo nos juega malas pasadas. Debemos ir con cautela y sobre todo de la mano de Jesús. No nos olvidemos que la obra es suya, nosotros solo somos sus servidores en senda de santificación.

27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. (Lucas 22:27)

35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. (Marcos 9:35)


Que Dios os bendiga, Alfons <><

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miércoles, 8 de diciembre de 2021

DE LA IMPORTANCIA DE ALIMENTARSE BIEN

Todo lo que entra sale, dejando su huella en nuestro interior. (anónimo)


Para gustos colores, pero para aquellos, como yo, que somos proclives al buen ver, con la edad nos llegan las prohibiciones, las limitaciones.

En realidad, la mala alimentación está a la base de muchas enfermedades, algunas obvias como la obesidad y otras, más sibilinas, como el cáncer.

Cuando comemos en exceso, a menudo, el cuerpo intenta regularnos y nos aboca a expulsar, no solo el sobrante, sino todo el conjunto de lo engullido.

Las dietas son un intento, fallido en la mayoría de los casos, de disciplinarnos para encontrar el equilibrio que nunca deberíamos haber perdido. Pero son aburridas y acabamos, casi siempre, abandonándolas con el paso del tiempo. Lo que hace que recuperamos el peso perdido hasta tal punto que a veces nos pasamos de frenada.

La alimentación saludable se basa en el equilibrio, en la ponderación. Te da lo que necesitas y no lo que quieres. Por ello requiere disciplina, concienciación y fe en el por qué de lo que estás haciendo.

Esto, que he estado comentando sobre nuestra alimentación física se puede aplicar con la misma claridad a nuestra alimentación espiritual.

La mala alimentación espiritual no solo nos lleva al desapego de Cristo sino también al empobrecimiento de nuestra fe.

Cuando nos pasamos engullendo basura mundana, en la tele, la radio, los libros, que ahora son más podcast que lecturas reales, nuestra mente se empobrece de su sentido crítico y discriminante, cediendo el paso al pensamiento enlatado que nos facilitan las tertulias, los medios y todos los “influencers” del momento. Nuestras prioridades degeneran hacia lo fútil y lo mundano.

El cáncer espiritual es aquel que hace que, de tanto alimentarnos del mundo, dejemos de vivir en él para pasar a ser parte de él.

Nuestras dietas espirituales suelen ser tan buenas como las alimentarias, si las seguimos al pie de la letra. Pero por desgracia, con el tiempo, solemos caer en el desapego, la indiferencia, de tal forma que nuestros esfuerzos de avivamiento se ven castrados por nuestras realidades.

Eso solo es verdad si pretendemos solucionar nosotros mismos aquello que está por encima de nuestras capacidades. Si confiamos en que podemos cambiar nuestra condición a base de esfuerzos propios o de aquellos que pretenden ser parte de la solución cuando en realidad son raíz del problema.

Las comunidades cristianas son, o deben ser, oasis de reconciliación con Jesús pero nuestra mirada debe estar puesta en Él.

Como todo lo que nos afecta, reconocer nuestra debilidad es el principio de la solución. Buscar y encontrar a Jesús es la solución definitiva.

Nosotros no podemos cambiar nuestra condición humana, Jesús SÍ.

Nosotros no podemos perdonarnos a nosotros mismos, pero Jesús SÍ.

Nosotros no podemos salvarnos a nosotros mismos ni a los demás, pero Jesús SÍ, y lo hizo mediante su sacrificio en la cruz.

Nosotros no podemos seguir un régimen espiritual de motu proprio pero de la mano de Jesús SÍ.

No debemos olvidarnos nunca que somo somos salvos por la Gracia de Dios, por medio de la fe para buenas obras.

¿Todo esto qué requiere? Algo tan sencillo, como difícil de conseguir, porque exige sinceridad de corazón: pedirle a Jesús que se apodere de nuestras vidas y nos guie mediante el Espíritu Santo.

Eso quiere decir poner siempre y ante todo en manos de Jesús lo que hacemos, lo que debemos hacer. Y es más difícil de lo que parece porque nuestra tendencia natural es pensar primero: ¿Cómo voy a solucionar esto? En lugar de ponerlo, ante todo, en manos de Jesús. Lo digo yo que soy el primero en tropezar en esta piedra.

Necesitamos a los demás, sí, pero no como solución sino para comunión. Hay tantos dadores de lecciones como pecadores que se ignoran. La humildad debería llevarnos, como nos enseña la Biblia, a ser más humildes y en lugar de juzgar poner las cosas en manos de Jesús.

Antes de la venida de Jesús estábamos bajo el ojo justiciero de la ley. Jesús nos ha liberado de esas cadenas de condenación que conforman nuestros pecados y se ha ofrecido en la cruz como redención de ellos.

En Jesús renacemos libres, nuestra dieta espiritual implica buscarlo siempre cuando caigamos, que caeremos, para, de su mano, volver a levantarnos y continuar en el camino de santidad.

De la misma forma que Dios, Jesús y el Espíritu Santo nos nutren, debemos tener en cuenta que nosotros, también, destilamos alimentos a nuestros entornos mediante las palabras que salen de nuestra boca. Estos pueden ser tóxicos o saludables. Seamos seres de paz y amor, y cuidemos nuestro lenguaje como Jesús nos ha enseñado.


3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mateo 4:3-4)


8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)


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lunes, 15 de noviembre de 2021

NOSTALGIA

La nostalgia del pasado es el presente de los que no tienen futuro. (Anónimo)


Cuando leí esta frase me interpeló de forma muy personal porque a más años acumulados, más experimento la nostalgia de lo que fui y/o de las experiencias que viví.

Estamos viviendo una época de grandes convulsiones, tanto sociales como políticas e incluso espirituales. La pandemia ha forzado los acontecimientos y todos nos hemos visto desestabilizados, perdiendo nuestra zona de confort y viéndonos enfrentados a nuevas realidades sin precedente.

Nada más normal que buscar consuelo en los recuerdos buenos del pasado, como si solo existieran ellos, obviando dolores y tristezas que también sufrimos.

Cuantas veces he oído mis padres decir: “en nuestra época esto era más duro, más difícil”. Ahora yo me doy cuenta de que digo a menudo: “en la época de mis padres se vivía mejor”.

¿Y me preguntaréis, qué te hace decir tal temeridad?

La desaparición de los valores como el civismo, la aniquilación de dos pilares fundamentales de una sociedad equilibrada, como son la familia y la educación. Llegamos en los años 60/70 a la cúspide de nuestra sociedad y tras mayo 68 y luego la primera crisis del petróleo del 73 empezamos el declive provocado por la decadencia de nuestra sociedad.

Antes nuestros padres soñaban imaginándose sus hijos disfrutando de una mejor vida. Ahora el mero hecho de pensar en lo que les espera a nuestros hijos y nietos, nos preocupa.

Antes trabajamos en una empresa para toda la vida, ahora el trabajo en precario es el pan cotidiano de muchos jóvenes y no tan jóvenes.

Antes nuestros políticos se respetaban y los respetábamos, aunque no fueran de nuestra sensibilidad. Ahora se desprecian los unos a los otros, tanto que nos infunden sus vergüenzas hasta que acabamos despechados y los aborrecemos.

Me diréis nostálgico, y tendréis razón, pero lo que he descrito es la realidad cotidiana que nos ofrece este mundo.

Pero, sí siempre hay un “pero”, y este es de los buenos. Si bien mi mirada al pasado era de nostalgia, mi enfoque del futuro, ahora, es de esperanza, porque he conocido a Dios y a Jesús y todo aquello que me decepcionaba y sigue decepcionándome en la vida se ve compensado con creces por sus promesas. Está situación que malvivía, y me abocaba al pasado, me ha hecho concienciarme de que solo hay una esperanza viva, Jesús. Que los hombres, y mujeres seguirán decepcionándome, pero Jesús, no. Que yo también desencantaré a más de uno, pero la Gracia de Dios está encima de mi vida y su perdón. Toda esta vorágine de momentos terribles que vivimos solo tiene un remedio, Jesús.

Con Él, mi nostalgia desaparece porque sé que lo que me espera, su lado, es la paz y el amor divino, y eso para la eternidad.

Mayor me hago y menos creo en los hombres. Acercándome cada vez más a mi creador veo la partida de este mundo como una liberación, sin nostalgias en mi mochila.

El dicho es cierto, si nos aferramos al pasado para sobrevivir el presente no tenemos futuro. Si nos agarramos de la mano de Jesús, el pasado desaparece para dejar lugar a un presente y futuro llenos de sus promesas. Nada mejor en esta vida.

Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. (Salmo 62:5)


26 Sí, Padre, porque así te agradó. 27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11: 26-30)


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jueves, 11 de noviembre de 2021

LENGUAS

Una lengua única facilita el entendimiento entre naciones, pero obvia la comprensión de la diversidad de sus culturas. (Anónimo)


Para alguien como yo que ha vivido en cinco países, el tema de la lengua ha sido un paso previo a cualquier intento de entender y luego comprender a mis interlocutores.

¿Qué sería de la humanidad si solo tuviéramos una lengua?

Algunos dirían que sería mucho más practico porque así nos entenderíamos todos. Opinar así es desconocer lo que una lengua aporta a quien la aprende. Desde el inglés que se define por la musicalidad de su pronunciación para interpretar el sentido de lo dicho, hasta el francés, idioma plano, sin acentos ni entonaciones, pero para el cual la gramática es la base de su tremenda riqueza. Y no hablo del alemán y sus declinaciones ni de todas aquellas lenguas que cuanto más lejanas, más inalcanzables.

Por ello el estudio de las lenguas involucra toda una serie de disciplinas como la lingüística, la antropología, la psicología, la geografía y hasta la genética humana.

Cuando vemos esto, los versículos de Génesis 11:6-7 cobran toda su importancia.

El ser humano ha hecho de las lenguas un elemento de división cuando en realidad son una oportunidad de enriquecimiento. Una necesidad de escuchar al otro y adaptarnos a él.

Se dice que solo hablamos bien una lengua ajena cuando pensamos en ella, y es verdad. Eso indica que lo que requiere su aprendizaje no solo es la memorización, sino que además exige que nos esforcemos intelectualmente para alcanzar su fluidez mediante nuestra mente.

La unión hace la fuerza, opinan algunos, eso, si se emplea para buenas causas puede ser una bendición, pero en el caso del ser humano la unión suele ser una oportunidad para sus designios pecaminosos (manipulación, dominio, poder, etc…).

Dios, en su gran sabiduría, transformo la lengua en lenguas, no para que no se entendieran los pueblos, sino para que intentaran entenderse y comprenderse los unos a los otros con menos manipulación, con menos populismo, con una voluntad genuina de ir hacia el otro y no esperar que el otro venga hacia nosotros.

Hoy en día, nuestra cultura nos ha enseñado que viajar y hablar varias lenguas es una oportunidad para aprender a ser más tolerantes, más respetuosos con las opiniones ajenas. Para comprender la idiosincrasia de otros pueblos y naciones. Viajar a otros países nos impone una elección, aprender su lengua, aunque sea de forma rudimentaria para ser parte de la comunidad, o ignorarla y mantenernos en lo nuestro. En tal caso perdemos una oportunidad tremenda de acercarnos a los demás aislándonos endogámicamente.

Es muy interesante ver como una decisión divina pudo transformar tanto nuestra condición humana a pesar de nuestra resistencia innata. Y eso desde el principio de la humanidad.

Es muy importante entender esto para comprender por qué las lenguas minoritarias deben ser protegidas y revindicadas. No se trata de nacionalismos, ni de un lado, ni de otro. Hay que defenderlas firmemente. Se trata de preservar el patrimonio de la humanidad, porque cada vez que muere una lengua empobrecemos tremendamente nuestra memoria histórica y nuestro patrimonio cultural.

Deberíamos alegrarnos por tener varias lenguas en un mismo entorno geopolítico y poder hablarlas. Y lo digo de tal forma para huir de cualquier interpretación partidista, porque para mí, el único movimiento al que estoy afiliado es el de Cristo.

6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un lenguaje: y han comenzado á obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero. (Génesis 11:6-7)


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lunes, 8 de noviembre de 2021

HERENCIA

La buena herencia se transmite en vida. Tras la muerte solo son sobras. (Anónimo)

La herencia es un tesoro para quien desea trasmitirla y un lastre para quien la ansía recibir. (Anónimo)


Cuando uno es joven los temas de herencia nos despreocupan, salvo que esté al caer y sea apetitosa.

Recibir, sí, dar, ¡¡¡no!!!

No nos cabe en la cabeza que lo más importante de ella, siempre, será aquello que trasmitamos a los demás, y eso mejor en vida.

Con los años y tanta juventud acumulada nuestra percepción del patrimonio va cambiando. De no tener nada a poseer capital tanto mobiliario como inmobiliario, hace que nuestros pensamientos se transformen. ¿Qué vamos a dejar, y a quién? Y si hablamos de dinero la cosa se complica todavía más.

No nos percatamos que la principal herencia es aquella que transmitimos en vida, y no hablo de bienes materiales, sino de bienes del corazón, de la mente, de la ejemplaridad de nuestra vida.

La educación de nuestros hijos es probablemente el legado más importante que les podemos dejar. Porque es más importante enseñar a pescar que regalar pescado. Igual parecemos más generosos en lo segundo, pero es un espejismo, el valor de lo que regalamos está la esencia de su contenido y la enseñanza nutre allá donde los presentes empobrecen.

El amor, es sin duda un regalo constante y perpetuo de todos aquellos que siguen las enseñanzas de Jesús. El amor no se da, eso sería vanidad, se comparte porque es un bien que no pertenece al individuo, sino que vive a través de la comunión con los demás.

La ejemplaridad también es un legado, que no solemos valorar, pero que es esencial a la hora de trasmitir nuestra herencia. Aquello de haz lo que digo y no lo que hago, suele ser un pecado bastante común a la hora de intentar ser lo que queremos y no lo que somos. Pero la realidad nos alcanza rápidamente y nos hace ver que debemos vivir como Jesús nos ha enseñado, no pretendiendo sino siendo de corazón lo más parecido a su ejemplo. Siempre será poco lo que logremos, pero, por suerte, y por su Gracia sobre todo, Jesús no nos valora por nuestros logros, que son pocos. Las intenciones sinceras de nuestro corazón, la voluntad profunda de nuestra mente de ir en camino de santidad e intentarlo una vez y otra, son hechos para Él. Jesús nos pide que seamos sal y luz en este mundo de tinieblas, seamos buen ejemplo de ello.

Todo lo demás, ya sea bienes, logros, triunfos, hazañas, dinero, etc… son las herencias que valora el mundo. Dejándonos en baúl de los olvidos cuando otro mejor, y siempre lo hay, ocupa nuestro lugar.

Por ello es mil veces mejor dejar la huella de nuestro amor en corazón ajeno que la del dinero en herencia a los demás.

La herencia de Jesús es una muestra de todo esto:

- sus enseñanzas, Maestro de maestros, todas recogidas en la Biblia

- el amor que compartió con todos y para todos

- la ejemplaridad de su vida, testimonio vivo que culminó con su sacrificio en la cruz

Amen.

7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (1 Timoteo 6:7-8)


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viernes, 29 de octubre de 2021

CARTA ABIERTA

Una carta se abre, un teléfono se enciende. ¿La diferencia? Se puede abrir un teléfono, pero, por suerte, no apagar una carta. (Anónimo)


Hoy en día ya no escribimos cartas, nos whatsappeamos, messengergeamos o cualquier otro método o barbarismo que no implique papel y pluma.

Hemos perdido completamente la noción de cartearse de forma epistolar, como hacíamos el siglo pasado y anteriores.

Antes, la prosa era un esfuerzo tanto lingüístico como semántico. Algunos eran orfebres en la materia, otros éramos torpes emuladores de la tinta y el bolígrafo.

Por ello cuando vemos estos versículos de Pablo en Corintios, para muchos jóvenes de hoy, que seamos cartas, y además abiertas a los demás, suena un poco a chino, o como mucho a carca.

Hoy estamos en la inmediatez, en lo voluble, en todo aquello que se puede resumir con emoticono o abreviaciones reducidas a su extremo.

Pero para Jesús somos cartas, y nuestras vidas, el tema principal.

Una carta tiene siempre un propósito, nuestras vidas, también. Cuando las leíamos tomábamos conocimiento de lo escrito y nos enriquecíamos, lo mismo pasa cuando nos relacionamos con los demás, aprenden a leernos y si somos de bendición, también enriquecemos sus vidas.

Una carta era un elemento valioso y fundamental en épocas pretéritas, como lo somos nosotros para Jesús hoy y siempre. Tanto es así que la tinta que utiliza es el Espíritu Santo. Y el papel, nuestro corazón.

Si somos conscientes de ello sabemos que somos portadores de un mensaje que Él nos ha encomendado: la esperanza de la salvación.

Jesús nos envía al mundo para que seamos cartas abiertas del testimonio fiel de su amor. Para que seamos sal y luz en este mundo de tinieblas.

Yo todavía tengo cartas de mi hija escritas hace lustros, para mi cumpleaños. Las guardo como oro en paño porque son el testigo de su candidez y de su amor genuino hacia su padre. Como tenemos que serlo nosotros hacia nuestro Padre celestial: inocentes, cándidos, nobles, humildes.

Los creyentes no somos como los emails de hoy, onomatopeyas una tras la otra como un tren de letras sin sentido.

Somos una historia única, cada uno de nosotros. Tenemos la poesía y el alma del que nos ha escrito, Jesús. ¡El mensaje que vehiculamos es esencial para el mundo y aunque no tengamos muchos lectores, nuestro cometido es testificar cuanto más, porque cada día es un nuevo día de salvación!!!

Mirar la importancia que tienen las cartas, que hasta se envían en una botella en medio del mar para testificar o alertar. Todos los cristianos somos esas cartas, y el océano del mundo nos tambalea de un continente a otro, para que seamos de bendición a todos aquellos que buscan la salvación, pero también de testimonio para aquellos que viendo la botella decidan no leer su contenido.

Expongamos nuestros corazones a los demás para poder ser cartas abiertas de esperanza al mundo.

2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. (2 Corintios 3:2-3)


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sábado, 16 de octubre de 2021

PACIENCIA

Fui tan impaciente por ser paciente que, por no serlo en mí, acabé siéndolo en el hospital. (Anónimo)


La diferencia entre la verborrea y la palabra está en la paciencia que abunda en la segunda, y de la que carece la primera.

Nuestro mundo va a tal velocidad que hasta la muerte ya nos desespera.

Es tal la fuerza que exige ser paciente, que cuando buscamos sinónimos, la mayoría están cargados de dolor, como “resignado”, “sufrido”, incluse “conforme” implica una renuncia. Esfuerzo obligado.

Pero en realidad la paciencia no es tan difícil ni pesada, es un don de Dios y como todos los dones debe cultivarse en nuestro interior mediante el Espíritu Santo. Está al alcance de todos si sabemos dónde buscarla, y a quién pedirle que nos la refuerce. El Señor es nuestro ejemplo y nuestra fuente. El Espíritu Santo es nuestro consejero e inspirador.

La paciencia no se adquiere del día a la mañana, precisa de buenos fundamentos, de humildad y servidumbre al Señor, buscando su guía. Se nutre de nuestras experiencias fallidas y nos alimenta con su conmiseración mostrándonos que la espera siempre da sus buenos frutos.

La paciencia es la clave de paso de nuestra experiencia. Con ella podemos ver con perspectiva, lo que nos sucedió, lo que nos está sucediendo y prepararnos para lo que nos pueda suceder. Con ella aprendemos a ver aquello que la precipitación nos ciega.

Siempre me ha impresionado la capacidad de silencio de aquellas personas que me han impactado en mi vida. Tienen el talento de dominar su lengua de tal forma que su paciencia se transforma en escucha, sin decir que un silencio es, a menudo, la mejor respuesta a la provocación.

La sabiduría tiene un lenguaje que solo puede ser modulado por la paciencia. Uno no se imagina a un sabio siendo inquieto y palabrero.

El mundo sería diferente si la paciencia imperara en nuestra sociedad, pero estamos tan ocupados en encumbrar a los vencedores que no nos damos cuenta de que lo más importante no es ganar sino saber esperar el momento oportuno para actuar. Querer ser el primero solo nos alimenta la impaciencia que mora en nosotros-

¿Por qué la edad nos ofrece la paciencia que nos negamos a nosotros mismos cuando somos jóvenes? Será porque la experiencia nos enseña a esperar más que a precipitarse, a amar más que desear, y también porque lo años cargan las mochilas de nuestras vidas con un peso que nos impide ser tan intrépidos y atrevidos.

El necio confunde ser prudente con ser miedoso, el sabio sabe reconocer la paz de la entereza de aquellos que dominan los tempos.

Si careces de paciencia tu vida se llenará de errores que se transformaran en horrores.

La paciencia es una virtud, poco presente en este mundo secular donde solo se busca beneficiarse a corto plazo.

La paciencia es la virtud que más utiliza Dios con sus hijos. Su Gracia se manifiesta constantemente en la espera de que nos percatemos de nuestra condición humana y nos arrepintamos de corazón.

Las pruebas esculpen nuestra paciencia, abracemos la bendición que nos hace conscientes de tal verdad.

Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. (Lucas 21)


Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza (Romanos 5:3-4)

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